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Índia portada

India, el gigante amenazado por el agua

India aglutina todos los problemas del agua y el saneamiento que existen en la actualidad en el mundo, y está además especialmente amenazada por el calentamiento global. En 2016, la sequía mostró su vulnerabilidad climática, pero el gran país tiene también el germen de todas las soluciones: conocimiento ancestral, enorme resiliencia y una inmensa capacidad de desarrollo para ser un referente en adaptabilidad y mitigación.

2016 ha sido un mal año para India por lo que respecta a los desastres naturales. Según un estudio del Centre for Research on the Epidemiology of Disasters (CRED) el país ha liderado el ranking de las naciones con mayor número de afectados, con más de 331 millones; le siguen China, con 13, Etiopía, con 10, Malawi, con 6,5 y Haití, con 5,8. En esta clasificación del CRED se contabilizan terremotos, inundaciones, sequía, maremotos, huracanes y la subida del nivel del mar.

El número de afectados en todo el mundo ha sido de 411 millones, por lo que India acapara más del 80%. La causa de esta enorme diferencia se debe principalmente a la severa sequía que ha azotado el país en 2016 y que nos da una idea de la enorme vulnerabilidad climática que sufre el gigante del sur de Asia.

Agua menguante para una población creciente

La población de India es aproximadamente de 1.335 millones de habitantes, prácticamente el doble de la totalidad de la población europea; pero lo que es más impresionante es su tasa de natalidad (número de nacidos vivos por cada 1.000 habitantes) que es de 2,5 hijos, cerca del doble de los 1,32 de España. Según un informe del Banco Mundial, de mantener esta tasa de crecimiento, India superará a China en número de habitantes antes de 2035.

El 31% de la población india vive en ciudades y el 69% restante lo hace en la zona rural, subsistiendo mayoritariamente (un 80%) de la agricultura y la ganadería, una cifra muy por encima de la media de la población rural de toda Asia, que es del 58%.

Así, un total de 921 millones de indios tienen una enorme dependencia de los recursos hídricos renovables que, según los datos de AQUASTAT (el sistema de información global sobre el agua de la FAO) son del orden de 1.431 m3 por habitante y año (casi el volumen de una piscina olímpica y media). Estas cifras se obtienen calculado la media de precipitaciones y de aguas superficiales y subterráneas en toda la superficie de una determinada zona geográfica durante periodos de varios años, y dividiéndola por el número de habitantes.

Estas estadísticas nos sirven para tener una idea bastante acertada del potencial hídrico de cada país. Según AQUASTAT, en España cada habitante dispone de una media de 2.390 m3 de agua renovable (casi dos piscinas olímpicas y media), mientras que en Suecia, por citar un ejemplo extremo de la desproporción, a cada ciudadano le corresponden 17.660 m3 (más de 17 piscinas) Si en España, con 46 millones de habitantes, nos preocupan las últimas tendencias climáticas que auguran un descenso en las precipitaciones, en India, con 1.335 millones las previsiones, que también van a la baja, preocupan lógicamente mucho más.

Acuíferos sobreexplotados y monzones inciertos

En India el área cultivable total es de aproximadamente 183 millones de hectáreas, más del 55 % de la superficie total del país. En 2009, la superficie cultivada total fue de unos 170 millones de hectáreas. Estos cultivos absorbieron 688 km3 de agua para riego, un volumen que equivale a más de cuatro veces el del lago Nasser, el embalse de la presa de Asúan, el tercero mayor del mundo que comparten Egipto y Sudán. Esto supone el 91 % del agua total extraída en el país, muy por encima de la media mundial que es del 69%. Otro dato que confirma la vulnerabilidad del país ante la sequía.

Otro problema es en el que se encuentra ahora la agricultura en India: la sobreexplotación de los acuíferos. La multiplicación de pozos, que pasaron de menos de 1 millón en 1960 a 19 millones en 2000, contribuyó notablemente a aliviar la pobreza, pero ha provocado una grave tensión en el subsuelo en algunas áreas que ven como el agua no se regenera y muchos pozos se secan.

La agricultura y buena parte de la vida de India depende del ciclo climático de los monzones que son unos vientos de origen térmico que se comportan de un modo muy similar al de nuestras brisas costeras, pero a una escala mucho mayor. En verano, la gran masa continental asiática se calienta, haciendo ascender el aire que tiene sobre ella. El vacío dejado lo llena el aire que está sobre el Índico, más fresco y cargado de humedad que provoca abundantes lluvias, sobretodo al quedar retenido en vertiente sur de los Himalayas. El caudal de los ríos aumenta espectacularmente y son frecuentes las inundaciones. En invierno ocurre lo contrario: el viento más frío y seco del continente se desplaza hacia el océano cuyo aire superficial asciende al ser más cálido, provocando muchas menos precipitaciones.

Del monzón de verano depende la recarga de los acuíferos y muy en especial el cultivo del arroz y el algodón. Según AQUASTAT esta estación húmeda descarga sobre India el 80% de los 3.560 km3 de lluvia anuales (en España, 322 km3). También existen grandes diferencias geográficas respecto a los monzones: el noreste del país recibe muchas más precipitaciones que el resto de regiones, sumidas en la incertidumbre de las largas épocas de sequía, como la del pasado 2016.

Según el Informe de Evaluación (AR5) del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) hay una previsión de un descenso de las precipitaciones y un aumento de los días de interrupción de los monzones de verano. También se prevé, y ya se ha detectado, un incremento de las precipitaciones extremas causantes de inundaciones. El cambio climático se presenta con malos augurios para India.

Pendientes de los glaciares y de la subida del nivel del mar

Hasta un tercio del agua dulce del planeta está en forma de hielo en las montañas del Himalaya. El hielo acumulado es uno de los grandes recursos hídricos de la mitad norte del país y un magnífico distribuidor de agua entre las estaciones. En concreto, los glaciares del techo del mundo alimentan la gigantesca cuenca del Ganges en la que se calcula que vive un 8 % de la población mundial. Tras recorrer 2.510 km, el río sagrado del Hinduísmo desemboca en el golfo de Bengala formando, con el río Brahmaputra el mayor delta del mundo y una de las zonas agrícolas de mayor productividad y extraordinaria biodiversidad, por lo que también se le conoce como The Green Delta.

El World Wildlife Fund (WWF) estima que estos ríos que surgen en las montañas de Nepal contribuyen al 70% del caudal premonzónico del Ganges. Hace 15 años se constató un notable descenso del volumen de hielo en las cumbres de la cordillera; concretamente, el glaciar Gangotri, donde nace el Ganges, disminuye de tamaño 23 metros cada año.

Pero el calentamiento global no sólo amenaza el caudal del río sino la subida del nivel del mar del delta, que el estado de India comparte con el de Bangladés. Según el AR5, una subida de 0,5 metros del nivel del mar haría perder sus hogares a más de siete millones de personas en el delta, que también están amenazados por las inundaciones, como la de 1998 que dejó sin casa a más de 30 millones.

El gigante reacciona

India está ante un inmenso reto. El gobierno del país reconoce la importancia y la magnitud de la amenaza del calentamiento global y en 2010 lanzó un ambicioso Plan de Acción Nacional sobre Cambio Climático (PANCC) que establece la estrategia a seguir en todos los sectores industriales y energéticos, y hace especial incidencia en los recursos hídricos y la industria agrícola y forestal.

En mayo de 2014, el Ministerio de Ambiente y Bosques cambió su nombre a Ministerio de Ambiente, Bosques y Cambio Climático, lo que refleja la importancia que se le da desde el gobierno al hecho de enfrentar este desafío. En su discurso del Día de la Independencia de 2014, el primer ministro de India, Narendra Modi, hizo una mención especial al desarrollo sostenible y al respeto por el medio ambiente. El gobierno también le está otorgando gran importancia a la limpieza de los ríos y ha establecido un Fondo Nacional para la Adaptación al Cambio Climático y ha creado el Instituto Nacional para el Cambio Climático.

El desarrollo de la energía solar es uno de los pilares de la reforma. India está inserta en el denominado “cinturón del sol” y la obtención de esta fuente de energía renovable se planifica también para las estaciones de bombeo de agua. Un ejemplo de los beneficios de esta técnica lo tenemos en el proyecto que la Fundación We Are Water estás desarrollando conjuntamente con la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur. Éste y los otros proyectos de la Fundación muestran algunos de los ejes que debe seguir la adaptación de la India rural al cambio climático: aprovechamiento del agua con sistemas de riego por goteo, captación de agua de lluvia y recuperación de los acuíferos, y construcción de infraestructuras adecuadas para la recogida y aprovechamiento de agua.

La civilización india tiene en su cultura ancestral un bello ejemplo de armonía con la naturaleza. Ríos, bosques, árboles, montañas y especies han sido considerados sagrados según antiguas tradiciones, que veneraban a la Tierra como a una madre. También existen pruebas de que el país superó entre 2200 y 2000 aC un abrupto debilitamiento de los monzones que los agricultores superaron adaptando y diversificando sus cultivos.

El reto de India es el reto del planeta. Lo que allí ocurra va a influir decisivamente en la sostenibilidad global de este siglo. Allí están todas las amenazas, pero también todas las soluciones, que serán las de todos.