En una pequeña aldea del distrito de Dewas, en India, la llegada del agua transformó algo más que la vida cotidiana. Antes, las mujeres caminaban horas para recoger agua turbia; los niños faltaban a la escuela; la comunidad vivía atrapada en un círculo de precariedad. Cuando la comunidad participó en la construcción del pozo y aprendió a comprender y gestionar el ciclo del agua, la vida cambió por completo. De ese proceso emergió un valor que destacó por encima de todos: la cooperación.
Primero entre los propios vecinos. Después, entre las aldeas cercanas que comparten la misma cuenca. “Compartimos el agua y si la cuidamos, todos estaremos bien. El agua del arroyo y del subsuelo nos une”, concluyeron los comités de agua al comprender cómo funciona el ciclo hídrico y cómo se interconectan las comunidades que dependen de él. El agua dejó de ser un recurso escaso para convertirse en un vínculo.

La cooperación no es una opción, es una vía imprescindible para garantizar un futuro seguro y sostenible. © pexels-mike-sangma
En la Fundación conocemos bien este mensaje, lo hemos escalado y trasladado al mundo de la gobernanza internacional. En la problemática del acceso al agua es ya un principio inamovible: solo a través de la cooperación lograremos el acceso universal y seguro. En los últimos debates internacionales —desde Cambio climático, agua y paz en la COP28, hasta el Water Pavilion de la COP29, pasando por la presentación del documental Amazonas: la memoria del agua en la COP 30— hemos constatado una convergencia clara con los expertos y responsables institucionales: la cooperación y el acceso al agua se generan mutuamente; son causa y efecto al mismo tiempo.
En Dubái, en Bakú y en Belém escuchamos la misma idea expresada desde ángulos distintos. Las alianzas entre gobiernos, sector privado, academia y sociedad civil no solo aceleran soluciones técnicas, sino que fortalecen la resiliencia social y reducen los riesgos de conflicto: el agua compartida crea estabilidad, y la estabilidad permite compartir el agua. Es un círculo virtuoso que debemos proteger y ampliar.

En los últimos debates internacionales —desde Cambio climático, agua y paz en la COP28, hasta el Water Pavilion de la COP29, pasando por la presentación del documental Amazonas: la memoria del agua en la COP 30— hemos constatado una convergencia clara con los expertos y responsables institucionales.
Dushanbe: el agua como herramienta de cooperación y resiliencia
En Tayikistán, durante la cuarta edición de la High-Level International Conference sobre el Decenio de Acción por el Agua, volvimos a participar en un encuentro internacional de suma trascendencia. El debate central – Cambio climático, agua y resiliencia: Perspectivas de gobiernos, organizaciones internacionales y sector privado – situó el foco en un mensaje que defendemos desde hace años: la resiliencia no puede construirse en solitario.
En el marco del Dushanbe Water Process en el que se sitúa al conferencia, académicos, organismos internacionales y representantes del sector privado analizaron cómo el cambio climático intensifica la presión sobre los recursos hídricos y cómo la cooperación es urgente para garantizar estabilidad y desarrollo. El panel reunió a voces de referencia como S.E. David Fernández Puyana, Embajador de UPEACE y Delegado Permanente ante la UNESCO; S.E. Khrisrav Sohibzoda, Embajador en Misión Especial de Tayikistán; la Dra. Carmen Parra Rodríguez, Cátedra UNESCO de Paz; y Daniel Hernández, Director de ROCA Group en Kazajistán.
En este contexto, Carlos Garriga, director de la Fundación, volvió a subrayar las evidencias que en la Fundación observamos en nuestros proyectos y que configuran un modelo de herramienta de paz. Su mensaje fue claro: “Una y otra vez, el agua se convierte en un motivo para cooperar, para generar confianza y para crear alianzas en torno a vulnerabilidades y soluciones compartidas”.
La idea vertebró toda la sesión: el agua no solo sostiene la vida; sostiene la cooperación. Allí donde se comparte, florecen la estabilidad, la resiliencia y la paz.

El panel reunió a voces de referencia como S.E. David Fernández Puyana, Embajador de UPEACE y Delegado Permanente ante la UNESCO; S.E. Khrisrav Sohibzoda, Embajador en Misión Especial de Tayikistán; la Dra. Carmen Parra Rodríguez, Cátedra UNESCO de Paz; y Daniel Hernández, Director de ROCA Group en Kazajistán.
Tayikistán, en el eje climático de Asia Central
Este fue también el mensaje central en la presentación de la Fundación ante miembros del Gobierno de Tayikistán en el Ministerio de Asuntos Exteriores. En su intervención, Garriga recordó que el cambio climático está ejerciendo una presión creciente sobre los recursos hídricos en todo el mundo y que sus impactos no son únicamente ambientales: “Son sociales. Económicos. Humanos. Y, cada vez más, geopolíticos”.
Por su historia y situación geográfica, Tayikistán tiene un papel relevante: “Aquí, en Asia Central, – señaló – el agua ha moldeado civilizaciones, agricultura, sistemas energéticos y relaciones regionales durante generaciones. Los ríos no se detienen en las fronteras. Conectan países. Pero también conectan destinos”.
El Gobierno tayiko es plenamente consciente de esta realidad. Por ello impulsa el Dushanbe Water Process, una iniciativa estratégica destinada a fortalecer la cooperación internacional en torno al agua durante la Década Internacional para la Acción Agua para el Desarrollo Sostenible (2018–2028). En este marco se celebran las conferencias de alto nivel que, cada dos años, reúnen a gobiernos, organismos de Naciones Unidas, sector privado, científicos y sociedad civil.
Es un espacio esencial para acelerar compromisos, compartir soluciones y reforzar la gobernanza del agua en un momento crítico: el retroceso acelerado de los glaciares, la creciente presión sobre los ríos y el aumento de los riesgos climáticos amenazan la estabilidad y que se hacen evidentes Asia Central.
Nuestra experiencia confirma una verdad que ya nadie discute: el agua es un factor de unión en un mundo fragmentado. En Asia Central, donde los ríos conectan destinos más que fronteras, este mensaje adquiere una urgencia especial: la colaboración de todas las capas de la sociedad no solo mejora el acceso al agua, sino que transforma la manera en que las comunidades se preparan para el futuro.
Es el momento de reforzar las alianzas y de actuar con la ambición que el planeta necesita.

Carlos Garriga, director de la Fundación, recordó que el cambio climático está ejerciendo una presión creciente sobre los recursos hídricos en todo el mundo y que sus impactos no son únicamente ambientales: “Son sociales. Económicos. Humanos. Y, cada vez más, geopolíticos”.





