Diseñar decisiones. El espejo de Latinoamérica y el Caribe

En la World Water Week hemos mostrado que la seguridad hídrica requiere integrar decisiones, actores y escalas en un enfoque sistémico. América Latina y el Caribe aportan evidencias de que la acción comunitaria, la restauración ecológica y los nuevos modelos financieros pueden acelerar el acceso universal al agua. Fortalecer y visibilizar esta colaboración es esencial para movilizar inversión.

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En la World Water Week hemos mostrado que la seguridad hídrica requiere integrar decisiones, actores y escalas en un enfoque sistémico.

Cuando las comunidades son conscientes de que si colaboran todos juntos, todos tienen agua”. Estas palabras de Paola Flores, especialista en riesgos hídricos y en el diseño de proyectos que aseguran agua, resiliencia y desarrollo compartido, resumen un principio crucial para asegurar el acceso universal al agua: cuando una comunidad comprende que el agua depende de todos, nace la cooperación que la hace posible.

Esta idea vertebró el debate Diseñando el progreso sistémico en la seguridad hídrica para ALC, que organizamos junto a ALTAMIRA Regenerative Finance, Rainforest Flow, Grupo Rotoplas y el Stockholm Environment Institute en la pasada World Water Week de Estocolmo, el evento global más importante sobre el agua. Un espacio en el que volvimos a mostrar cómo América Latina y el Caribe puede transformar su complejidad hídrica en soluciones, innovación y liderazgo, y en el que dimos un paso más hacia la configuración de estrategias de financiación capaces de acelerar ese progreso sistémico.

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Desde la Fundación, tras 16 años, tenemos un amplio conocimiento de la situación del acceso al agua en América Latina y el Caribe (LAC). En este tiempo hemos desarrollado 17 proyectos de ayuda en Brasil, Colombia, México, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bolivia, Ecuador y Perú.

La cooperación supera la complejidad

Desde la Fundación, tras 16 años, tenemos un amplio conocimiento de la situación del acceso al agua en América Latina y el Caribe (LAC), un territorio de 20 millones de km² y 660 millones de habitantes que comparten una paradoja significativa: disponen de una de las mayores cantidades de agua dulce per cápita y, a la vez, sufren una de las más altas tasas de vulnerabilidad hídrica, una variabilidad climática creciente y falta de infraestructuras básicas en amplias bolsas de la población. 

En este tiempo hemos desarrollado 17 proyectos de ayuda en Brasil, Colombia, México, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bolivia, Ecuador y Perú. Esta experiencia en el acceso al agua y saneamiento rurales, la agricultura regenerativa, la higiene escolar y de la las necesidades de las comunidades indígenas nos ha permitido conocer de primera mano la diversidad de la geografía física, humana y climática de LAC.

Cada una de las casi 400.000 personas que hemos acompañado representa una pieza en el mosaico de una compleja geografía humana de altos contrastes: regiones avanzadas coexisten con comunidades indígenas ancestrales cuyas culturas, de enorme riqueza, están amenazadas por la pobreza estructural y el desplazamiento forzado; crisis migratorias sucesivas incrementan de forma súbita las necesidades de saneamiento e higiene en territorios con recursos limitados.

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Carlos Garriga, director de la Fundación sintetizó el reto: “Tenemos que encontrar las formas de transformar la economía, regenerarla para poder aplicar soluciones, y esto significa abordar las brechas de financiación e implementación”.

Diseñar decisiones, un paso adelante

Durante este proceso, hemos venido siguiendo muy de cerca el problema fundamental de la financiación del acceso al agua. En la novena edición del Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto, el FLII 2025,  mostramos los éxitos y oportunidades transformadoras de nuestros proyectos y fomentamos la creación una plataforma única para visibilizar soluciones que nazcan de realidades locales.

El mismo año llevamos el debate de la financiación a la World Water Week de 2025, en un encuentro que marcó el camino hacia la COP30 de Belém. En la reunión, que organizamos conjuntamente con ALTAMIRA Regenerative Finance, demostramos que financiar el acceso universal a estos derechos básicos exige nuevas fórmulas de cooperación, innovación y compromiso político. Carlos Garriga, director de la Fundación sintetizó el reto: “Tenemos que encontrar las formas de transformar la economía, regenerarla para poder aplicar soluciones, y esto significa abordar las brechas de financiación e implementación”.

El pasado agosto, en la World Water Week hemos dado un paso más en el camino de acelerar los procesos y establecer rutas de acción. La moderadora del debate, Mónica Altamirano, subrayó esta urgencia y la evidencia de los avances que se están realizando. Como afirmó en el debate Laura Forni, investigadora sénior del Stockholm Environment Institute (SEI) y especialista en planificación hídrica multiescalar, “es hora de diseñar decisiones, no sólo proyectos”.

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Uno de las materiales de trabajo de esta World Water Week ha sido el documental Amazonas: La memoria del agua dirigido por Ignasi Rodríguez y Carlos Garriga, una obra que muestra precisamente la presión que sufren las comunidades amazónicas, cuyo hábitat se ve alterado por la contaminación y el cambio climático.

El gran hábitat selvático

En LAC, la selva tropical —casi 800 millones de hectáreas, desde la — no es solo un paisaje: es una infraestructura natural de servicios ecosistémicos: sostiene cuencas, regula el clima, genera biodiversidad y define la vida de millones de personas. 

Según la FAO y estudios comparativos publicados en World Development, más de 54 millones de personas indígenas viven en territorios forestales de América Latina y el Caribe, y los no indígenas que residen en zonas de selva superan a los indígenas por más de ocho a uno. En conjunto, se estima que más de 400 millones de personas habitan en ecosistemas forestales o selvas tropicales de la región.

La mayoría convive con presiones crecientes: deforestación, expansión de la agricultura industrial, degradación y desigualdad territorial. Estas situaciones generan una tensión estructural y riesgos hídricos y climáticos cada vez mayores. 

Maggie McDow, directora de Rainforest Flow, mostró como en comunidades remotas de la Amazonía los sistemas más eficaces son aquellos diseñados por la comunidad y para su propio territorio. Señaló el avance de la contaminación, y demostró que sencillas tecnologías basadas en geomembranas —transportables, duraderas y adaptadas al bosque tropical— permiten superar las limitaciones de los sistemas convencionales. La construcción con materiales locales y el liderazgo de los comités de agua garantizan sostenibilidad a largo plazo. Los resultados son contundentes: reducción del 94% en enfermedades diarreicas en cuatro años. Subrayó que la propiedad comunitaria, la formación continua y la articulación con gobiernos locales convierten el agua segura en un cambio estructural, no en un proyecto aislado.

Uno de las materiales de trabajo de esta World Water Week ha sido el documental Amazonas: La memoria del agua dirigido por Ignasi Rodríguez y Carlos Garriga, una obra que muestra precisamente la presión que sufren las comunidades amazónicas, cuyo hábitat se ve alterado por la contaminación y el cambio climático.

Conectar comunidades significa co-diseñar

Laura Forni, investigadora sénior del Stockholm Environment Institute, subrayó que los desafíos del agua se viven localmente, pero solo se resuelven conectando comunidades, cuencas y marcos nacionales mediante decisiones coherentes entre escalas. Explicó que la fragmentación institucional, la falta de coordinación, la debilidad regulatoria y la escasez de datos impiden que las iniciativas generen impacto amplio, y que superarlas exige co‑diseño, democratización del conocimiento y planificación adaptativa. Su mensaje fue claro: transformar iniciativas locales en cambios sistémicos requiere articular la acción comunitaria con modelos hidrológicos, herramientas accesibles y políticas e inversiones a escala de cuenca y país.

En el mismo sentido, Paola Flores Hernández, Water Stewardship Manager en Grupo Rotoplas, mostró cómo la colaboración entre sectores e instituciones puede fortalecer la resiliencia hídrica territorial. Evidenció que la iniciativa privada puede desbloquear capacidades y acelerar soluciones que tradicionalmente recaen en el sector público. Su mensaje central coincidió con el de Forni: cuando empresas, actores públicos y usuarios de la cuenca colaboran, la acción empresarial no solo mejora la calidad del agua y promueve la reutilización, sino que reduce extracciones y refuerza la resiliencia hídrica a escala territorial.

Stephen Hart, Senior Advisor en Stantec, presentó un modelo financiero híbrido para restauración ecológica que integra instrumentos obligatorios, mercados voluntarios y fondos públicos. Mostró que los beneficios ecosistémicos pueden superar los costes, posicionando la restauración como infraestructura esencial para la resiliencia hídrica en LAC.

Aqua Nexus: un mecanismo financiero y operativo

Se presentó Aqua Nexus, la nueva plataforma regional de la Fundación We Are Water y World Vision para acelerar la resiliencia hídrica y la justicia climática en América Latina y el Caribe. Aqua Nexus es un mecanismo financiero y operativo diseñado para atraer, canalizar y ejecutar inversiones públicas, privadas, filantrópicas y climáticas directamente en comunidades. Combina financiación progresiva, financiación combinada y modelos de pago por resultados. Su finalidad es escalar soluciones y convertir el acceso al agua en oportunidad.

Su enfoque se apoya en un Laboratorio Social regional que co‑crea soluciones adaptadas a contextos áridos, bosques tropicales, entornos urbanos e incluso crisis prolongadas.

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Se presentó Aqua Nexus, la nueva plataforma regional de la Fundación We Are Water y World Vision para acelerar la resiliencia hídrica y la justicia climática en América Latina y el Caribe.

La seguridad hídrica antes de mitad de siglo

La complejidad hídrica de LAC es enorme, pero también lo es su potencial para generar soluciones. La región demuestra que la innovación comunitaria, la restauración ecológica y los nuevos mecanismos financieros están redefiniendo cómo se construye la seguridad hídrica en el siglo XXI. Quienes trabajamos con comunidades vulnerables lo sabemos: cuando una comunidad entiende que el agua depende de todos, nace la cooperación que la hace posible. El agua solo fluye cuando decisiones, actores y territorios se conectan. 

En la World Water Week ha quedado claro que la seguridad hídrica requiere integrar factores sociales, económicos y climáticos en un enfoque sistémico común. La colaboración existe y LAC ofrece evidencias sólidas: mostrarla y afianzarla es la mejor vía para movilizar financiación.