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¿Ciudades inteligentes? ¡Ciudadanos inteligentes!

2 de mayo de 2018

No puede darse un crecimiento tecnológico de espaldas a los ciudadanos. Los sistemas inteligentes de gestión del agua urbana lograrán la máxima eficiencia si avanzan junto a la arquitectura, el urbanismo y la gobernanza en un entorno de usuarios concienciados. Las ciudades están abocadas a ser smart, pero sólo lo lograrán si sus habitantes lo son. Los expertos reunidos por la Fundación We Are Water lo corroboran.

El agua bulle en las ciudades. Su gestión adecuada es y será cada vez más imprescindible para sus habitantes y para todo el planeta: en la actualidad, según el Banco Mundial, cerca del 55% de los más de 7.600 millones terrícolas residen en ciudades; esto significa casi 4.200 millones de individuos. Las ciudades están creciendo a pasos agigantados, y en 2050 esta proporción llegará a casi el 70 % de la población.

La agricultura se lleva un 70 % del agua dulce consumida en la Tierra, la industria un 20 % y el 10 % restante es el consumo catalogado como “doméstico”, del que las ciudades se llevan la casi totalidad del mismo. Esta tendencia aumentará el consumo directo (agua para beber y lavar) en las urbes, pero mucho más el consumo indirecto: las necesidades de bienes y alimentos de los ciudadanos incrementará notablemente la huella hídrica de los productos que deberán ser transportados a los comercios, por lo que el estrés hídrico planetario aumentará y el problema del acceso al agua en el mundo será notablemente diferente al que conocemos; ¿Cuán diferente? Aún no lo sabemos, pero lo que es una certeza es que es un factor que dependerá de cuán “inteligentes” sean las ciudades.

Smart Water, Smart Cities: el gran reto de la inteligencia hídrica

Gobiernos, empresas y buena parte de la sociedad civil presentan las smart cities como un factor determinante para solucionar muchos de los problemas de acceso al agua y falta de saneamiento que preocupan cada vez más a una sociedad agobiada por la amenaza del cambio climático. Pese a que las ciudades se llevan la menor parte de reparto del agua en el mundo, su influencia política y social y su capacidad de liderazgo tecnológico las convierten en referencias ineludibles en el futuro medioambiental del planeta.

El concepto “inteligente” abarca un amplio abanico de factores y disciplinas - suministro, saneamiento, gobernanza, arquitectura, turismo y tecnología - que deben avanzar de forma transversal y coordinada. Esta es la idea con que la Fundación We Are Water reunió a los 15 expertos en estas áreas en el debate Smart Water, Smart Cities, el pasado 11 de abril, en el Roca Madrid Gallery.

“Tenemos que dejar de hablar de agua con gente de agua; tenemos que incluir a todos los sectores”, afirmaba David Cámara, moderador del debate. En temas de agua y ciudades hay que avanzar en todos los frentes de forma coordinada. Las smart cities pueden verse como extensos sistemas de automatismo inteligente capaces de procesar tanto la información climática y de la red de suministro como la proveniente de los hogares, fábricas y oficinas, donde cualquier máquina estará conectada a corto plazo en el Internet de las Cosas (IoT, según sus siglas en inglés).

Uno de los pilares de la eficiencia de este complejo sistema es su capacidad de predicción. Según Alejandro Beivide, director del departamento de Automatización y Control de Acciona Agua, “en una Smart City tenemos que medir y analizar con algoritmos que manejen el big data para poder predecir consumos y demandas”. Esta misma capacidad de predicción se puede aplicar luego a la agricultura para optimizar los sistemas de riego y el control de los pozos, por ejemplo. En este proceso se incluyen datos meteorológicos y climáticos, hábitos de consumo, fluctuaciones ocasionales de la población e incluso epidemias, conflictos bélicos, movimientos migratorios, trending topics en las redes sociales y consultas a Google.

Esta capacidad de análisis está configurando la smart water grid (SWG), la red inteligente de agua, un auténtico oráculo del comportamiento del suministro y el saneamiento que va a permitir ahorrar enormes cantidades de agua y energía y acabar con la lacra de la ANR (Agua No Registrada), que es el agua que se pierde en el proceso de suministro. En el mundo, el ANR alcanza los 45 millones de m3 diarios, el equivalente a 45.000 piscinas olímpicas. Es una cantidad que podría abastecer las necesidades de ¡200 millones de personas!

Pero este despliegue tecnológico no alcanzará su objetivo sin la implicación directa del ciudadano. Lograr una mayoría de ciudadanos consumidores austeros de agua y preocupados por el cuidado del saneamiento desde sus hogares y comunidades tiene más potencial para incrementar la eficiencia de las redes hídricas que cualquier tecnología a corto plazo, pues 4.200 millones de usuarios de grifos, desagües e inodoros tienen un gigantesco poder de transformación. Como afirma Javier Figueras, director de Sofrel España, y experto en automatización y telecontrol en el mercado del agua, “la previsión, la planificación y la inversión son las herramientas del gestor, pero no olvidemos que ciudad inteligente debe ser sinónimo de ciudadano inteligente”.

Latinoamérica, el gran reto urbanístico

La arquitectura y el urbanismo juegan un papel fundamental en el diseño de las masas urbanas que tienen muchos factores hídricos en común, pero también muchas diferencias a causa de la demografía, el clima y el nivel de inversión en suministro y saneamiento. Latinoamérica es un inmenso escenario en el que se desarrolla el urbanismo y la ciudad del futuro con todas las variables conocidas. Los arquitectos Jorge y Arturo Arditi, explican el caso de Ciudad de México que es quizá el paradigma del gran reto que tiene las ciudades latinoamericanas respecto al agua: “Somos 22 millones de habitantes en una zona geográfica muy mala para el agua. El suministro no llega a todos y el gobierno la dosifica. En las nuevas edificaciones el reciclaje del agua es muy necesario y nos falta inversión”.

El alto factor de crecimiento urbano es directamente proporcional al grado de amenaza medioambiental y de desequilibrio territorial, especialmente en un continente que con un enorme potencial agrícola. Víctor Arroyo, coordinador de la Unidad de Gestión de Conocimiento en Agua de CAF, señala la importancia de considerar el territorio en la ecuación de la eficiencia hídrica global: “La gestión del agua y del territorio deben ir de la mano. La mala gestión de ambos tiene efectos dramáticos en el entorno y en el acceso al agua. Es lo que ocurre en muchas ciudades pequeñas que no tienen el poder de gestión de ambos factores de las grandes urbes”.

Para la adecuada gestión hay que desarrollar una buena gobernanza. Según Natalia Gullón, consejera técnica del Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento de AECID, “en muchos países latinoamericanos falta construir la gobernanza del agua, hacer planes de gestión y crear alianzas para trabajar todos juntos”.

El ciudadano será en realidad desde su domicilio el gestor último de todos los sistemas. Los arquitectos coinciden en que cuanto mayor sea su nivel de conocimiento y concienciación mejor será eficiencia energética e hídrica de los edificios. La educación en la escuela es un factor fundamental en el que insisten todos los arquitectos como el panameño Jaime Ventura: “La educación en la cultura del agua es fundamental para que en Latinoamérica alcancemos los objetivos de 2050. Hemos de tener en cuanta que 110 millones de habitantes que no tienen acceso al saneamiento básico”.

La ciudad inteligente, sobre todo en cuestiones de acceso al agua y al saneamiento, tiene que desarrollarse en base a una ciudadanía concienciada y en consecuencia también hídricamente inteligente. Sólo esta podrá exigir el nivel de gobernanza justo y eficiente para lograr alcanzar el gran reto urbano que tenemos por delante.