Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtenermás información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies.

act now or swim later

¿Desde cuándo lo sabemos? Las alertas sobre el cambio climático comenzaron hace 50 años

Desde la década de 1970, políticos, economistas y científicos saben que el clima está cambiando. Las hambrunas de los 80 en África dieron visibilidad mediática a lo que hasta entonces había sido un oscuro factor de estrategia geopolítica y acercaron la climatología a la sociedad. Ahora somos conscientes del tiempo que hemos perdido. No perdamos más.

Los líderes en climatología y economía están de acuerdo en que se está produciendo un cambio climático, y que ya ha causado importantes problemas económicos en todo el mundo”. Este enunciado no aporta nada nuevo en la actualidad. Pero puede parecer sorprendente que, en marzo de de 1974, Henry Kissinger, por aquél entonces secretario de Estado de EEUU, estuviera leyendo esta declaración en un informe secreto de la CIA para el gobierno de los EEUU. El título del documento, Un estudio sobre investigación climatológica en lo que respecta a problemas de inteligencia, habla por sí solo: los cambios en el clima, especialmente en lo que concernía a las sequías y el acceso al agua, se consideraba un factor de desequilibrio internacional que la agencia de inteligencia estadounidense creía que el gobierno de su país debía tener en cuenta en sus estrategias geopolíticas.

 

El agua, factor de la Guerra Fría

Kissinger utilizó datos de este informe en dos discursos casi olvidados. En abril de ese año, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, habló de la posibilidad de cambios climáticos en el cinturón monzónico y quizás en todo el mundo” como una amenaza a tener en cuenta para el equilibrio mundial. Seis meses más tarde, en la Conferencia Mundial de la Alimentación, convocada por la Asamblea General en Roma, se refirió al peligro de las sequías recurrentes en la provocación de crisis alimentarias.

Una de las principales preocupaciones del secretario de Estado siempre fue la relación entre demografía y recursos hídricos como factor desencadenante de amenazas para su país. En plena época de la Guerra Fría, las malas cosechas en Rusia o China se seguían muy de cerca por los mercados internacionales y alertaban a los países de la OTAN de las consecuencias geopolíticas de las posibles crisis alimentarias que se pudieran desencadenar en estas potencias “enemigas”.

En este sentido, el documento de la CIA destacaba los artículos y estudios que estaban apareciendofinales de la década de 1960, en varias publicaciones climáticas, meteorológicas y geológicas, y concluía que “se estaría produciendo un cambio climático global, y este cambio crearía fracasos agrícolas en todo el mundo en la década de 1970”.

Los datos incluidos en el informe de la CIA mostraban la evidencia de las observaciones científicas: pérdida de nieve y hielo, anomalías en la temperatura con tendencia al alza, sequías recurrentes e inundaciones anormales.En el documento, se calificaba a la Climatología como una ciencia “incipiente” y se hacía referencia al calentamiento atmosférico como el principal generador del cambio. El texto explicaba las bases de la climatología que se conocía en los 70, hacía un resumen de los conocimientos que se tenían entonces de los cambios climáticos en el pasado y hacía hincapié en cómo éstos habían impactado en la evolución de las civilizaciones.

La CIA alentaba al desarrollo de la ciencia climatológica como un preventivo a posibles disrupciones sociopolíticas: “Es cada vez más evidente que la Inteligencia debe entender la magnitud de las amenazas internacionales que ocurren en función del cambio climático. Las metodologías [de predicción climática] son necesarias para prevenirnos de los colapsos políticos y económicos de las naciones causados por la caída de la producción de alimentos. Además, se necesitan también metodologías para proyectar y evaluar la predisposición de las naciones a iniciar militarmente migraciones a gran escala tal como ha ocurrido en los últimos 4.000 años”.

 

La ciencia climática ante la sociedad

El documento no trascendió a la opinión pública hasta febrero de 1977, cuando el New York Times publicó la noticia de su existencia. El periódico dio a conocer que los altos mandatarios de su país estaban al corriente de las advertencias que contenía, conocimiento que compartían con los gobiernos de las principales potencias industriales: sabían que el clima estaba cambiando y que esto tendría consecuencias socioeconómicas y políticas que debían ser tenidas en cuenta.

Aunque el texto no mencionaba el efecto invernadero producido por los gases emitidos por la quema de combustibles, ya existían por entonces diversos estudios científicos que señalaban que el anhídrido carbónico (CO2) y el metano (CH4) producidos por la actividad humana lo provocaban.

Estas investigaciones habían sido hasta entonces inconexas y con muy poca trascendencia en los medios. Todo cambió en 1976, cuando Stephen Schneider, un joven matemático que trabajaba en modelos climáticos, publicó The Genesis Strategy: Climate and Global Survival, un libro que mereció reseñas en el Washington Post y en el New York Times. El impacto mediático fue considerable y Schneider fue invitado al Tonight Show de Johnny Carson, por aquel entonces uno de los programas de mayor audiencia en la televisión de EEUU. El eje central de su mensaje, “el cambio climático está causado por la actividad humana”, saltó por primera vez a los medios de comunicación internacionales. Aunque tuvo poca resonancia inicial entre la opinión pública, impactó en la comunidad científica dividiéndola y originando un debate que perduró por lo menos hasta la década siguiente.

Algunos científicos criticaron a Schneider, y a otros que lo siguieron, por hablar directamente al público. Argumentaban que la climatología aún no podía dar respuestas inteligibles sobre el incremento de la temperatura de la atmósfera y sobre sus consecuencias, y temían que se generara confusión sobre el papel que la ciencia debía ocupar en la sociedad. Helmut Landsberg, que había sido director del Weather Bureaude EEUU, atacó el libro de Schneider temiendo que la participación pública pudiera hacer daño a la relación entre la ciencia y la sociedad, por entonces un tema muy delicado. En el Reino Unido, el director de la prestigiosa Met Office, John Mason, secundó a Landsberg y calificó la preocupación por el cambio climático como una “alarma infundada” proveniente de EEUU.

 

La ciencia se acerca a la sociedad

Pero la controversia se desató entre los científicos. ¿Deberían los investigadores aparecer en público en cuestiones que se pudieran responder cómodamente con los conocimientos y métodos existentes? ¿O deberían aventurarse a abordar las preguntas más candentes para sociedad aunque las respuestas fueran menos seguras o definitivas? La segunda opción fue ganando adeptos.

Los problemas alimentarios que estaban surgiendo en un mundo que en 1976 acababa de sobrepasar los 4.100 millones de habitantes (ahora somos más de 7.700) constituían la razón de base para que un número creciente de científicos apoyara responder las preguntas de importancia social; y en aquellos momentos la relación entre cambio climático y sequías era la más importante.

La emisión de gases de efecto invernadero era aún un tema oscuro para los gobiernos y por supuesto para la ciudadanía. Sin embargo, las compañías petroquímicas, en plena resaca de la crisis del petróleo de 1973 y ante un futuro en el que la energía nuclear se presentaba como la inevitable alternativa a los hidrocarburos, comenzaron a preguntarse si la evolución del clima podría llegar a alterar su modelo de negocio; sobre todo cuando algunos economistas y geólogos había vaticinado el agotamiento de los yacimientos de petróleo y gas natural para la primera década del 2000. Prueba de ello fue que la compañía petrolera más grande del mundo, Exxon, inició en verano de 1977 un proyecto de investigación sobre las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

 

Las sequías se vuelven noticia

Por aquél entonces el cambio climático no había trascendido a los medios de comunicación y pese a que las noticias de sequías en países económicamente pobres eran frecuentes, no ocupaban ni mucho menos las portadas. En la década de 1970, entre los países económicamente desarrollados, las hambrunas en el “tercer mundo” se asociaban preferentemente a conflictos bélicos. Era una percepción debida a la Guerra de Biafra de 1968, cuando el mundo se sobrecogió ante las fotografías de niños desnutridos en una crisis humanitaria que, según UNICEF, causó un millón y medio de muertes. El norte desarrollado fue consciente del sur hambriento, y a partir de ese momento las noticias de las crisis alimentarias a causa de las sequías, el extractivismo colonialista y la mala gestión del territorio comenzaron a ser noticia.

 El Sahel y el Cuerno de África habían sufrido hambrunas de origen climático entre 1967 y 1972, con más de medio millón de muertes y un número indeterminado de desplazamientos migratorios. Pero no fue hasta 1984 y 1985 que las noticias de desastres debidos a la falta de agua llegaron a la opinión pública mundial. Esos años, una persistente sequía asoló el Saheldesencadenando una gran hambruna que ya sí mereció titulares en prensa y televisión.

El mundo industrializado no había prestado atención a las enormes bolsas de pobreza, endeudamiento y retraso tecnológico que se iban generando en países de África, Asia y también Sudamérica. Y el cambio climático los amenazaba directamente.

 

La humanidad ante la escasez

Más que negar el cambio climático antropogénico, los científicos de la época creían que la naturaleza todo lo absorbería, y se tenía fe casi ciega en la tecnología, que acabaría solucionando los problemas cada vez más evidentes de la contaminación. Pero en los 80 aparecieron las primeras previsiones alarmantes: en el futuro no iban a haber recursos para mantener la gigantesca máquina productiva de la economía mundial, y el aumento acelerado de la contaminación y malgasto del agua pasó a ser una preocupación internacional.

Hacia 1987 se produjo un claro punto de inflexión. Se gestó el concepto de “desarrollo sostenible” impulsado por el informe presentado en la ONU por la exministra noruega Gro Harlem Brundtland como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”. La reacción internacional fue liderada por la ONU que sembró la simiente de los futuros Objetivos de Desarrollo del Milenio que se dieron paso luego a los actuales Objetivos de Desarrollo Sostenible.

¿Cuánto tiempo hemos perdido? No perdamos más.