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El agua prístina, un tesoro en las alturas de Colombia

El cortometraje del colombiano Nicolás Durán, vencedor en la categoría de micro-documental del We Art Water Film Festival 4, es un hermoso homenaje al agua pura, un regalo inconmensurable de la naturaleza que cada vez es más raro encontrar a no ser que nos remontemos a la cima de las montañas. En Colombia y en el resto del mundo urge que actuemos como el protagonista del corto, que cambió su actitud por ser coherente con su pensamiento.

Subir a las alturas de las estribaciones andinas en busca del agua prístina para protegerla es lo que ha hecho Reynaldo Díaz, el protagonista del corto de Nicolás Durán, en las cumbres de la la Montaña Mágica “El Poleo”, una reserva natural ubicada en el municipio de Zapatoca, en el departamento de Santander (Colombia). Reynaldo dio un cambio radical a su vida que señala un camino de esperanza en la preservación del bien más preciado.

Nicolás Durán, director del corto, nos explica cómo la situación del agua en Colombia y el ejemplo de Reynaldo le inspiraron para rodar el micro-documental:

El agua de las fuentes que brotan en lo alto de la Montaña Mágica alimentan la cuenca del río Magdalena que atraviesa Colombia de sur a norte desembocando en el mar Caribe. Pero las aguas de la principal arteria hidrológica del país en nada se asemejan a las de las cumbres que bebía con deleite Reynaldo. El río Magdalena, con más de 2.000 kilómetros de longitud, acumula altos niveles de contaminación.

La principal es el vertido de las aguas residuales de los 128 municipios ribereños, más de la mitad de los cuales se realiza sin ningún tipo de tratamiento. El 90 % de estas poblaciones arrojan, también directamente, los desechos de la industria cárnica que se pudren en el río provenientes de mataderos locales que no disponen de ningún sistema de reciclaje de residuos. Otro factor contaminante proviene de los vertidos de combustibles y desechos de la industria de los hidrocarburos, que ninguna autoridad controla. Pero la contaminación más letal para la población la origina la minería del oro de aluvión, cuyas explotaciones, que están apenas controladas en un 15 %, envenenan el Magdalena con mercurio y cianuro sobre todo en zonas como el sur del departamento de Bolívar.

Esta situación fue denunciada por la Procuraduría General de la Nación en Colombia en 2013 en un informe en el que señala la amenaza de la contaminación del río para la salud de los habitantes de su cuenca, ya que ese año el 27 % de los municipios reportaron daños en sus plantas de potabilización sin existir estudios para medir la relación entre la calidad del agua y la morbilidad de la población.

La contaminación de los ríos es sólo una parte de los problemas de acceso al agua que tiene Colombia que paradójicamente es uno de los países con más alta disponibilidad teórica de agua por habitante en el mundo. A cada colombiano le corresponden anualmente de casi 45.000 metros cúbicos de agua dulce, lo que comparado con Suecia, con 18.300, España, con 2.400 e India, con tan sólo 1.519, da una idea del enorme potencial hídrico del país andino, pero las deficiencias en la distribución y gestión hacen que esta riqueza no llegue a toda la población.

Firmada la paz con la guerrilla de las FARC, una de las prioridades del Gobierno de Colombia es preservar el agua y lograr que el acceso llegue a todos los ciudadanos. Para ello está extendiendo la protección de los páramos y cuencas y mejorando el suministro y saneamiento en base a la Política Nacional para la Gestión Integral del Recurso Hídrico. Para que el agua prístina que “sabe a madre” que Reynaldo protege llegue a todos.