El cambio climático multiplica sus víctimas, pero no todas sufren del mismo modo. En un extremo está quien ha perdido una casa de varios millones de dólares en los incendios de Pacific Palisades, en California. En el otro, quien ha visto arrasada su precaria vivienda en Cebú, en Filipinas, tras el paso del tifón Kalmaegi, que dejó más de un millón de damnificados y comunidades enteras sumergidas bajo el agua.
Las afectaciones por las sequías muestran también el contraste entre quienes afrontan sus pérdidas económicas con el apoyo de sus gobiernos y quienes se preparan para migrar para evitar el hambre. El futuro del equilibrio mundial depende de que sepamos afrontar estas desigualdades y gestionar los recursos adaptativos con justicia y eficiencia.

El cambio climático multiplica sus víctimas, pero no todas sufren del mismo modo. © E911a
El mercado de la vivienda nota el calor
Un indicador del poder que el calentamiento ambiental va adquiriendo sobre la economía ha aparecido este año en España, uno de los países más afectados por las olas de calor y la subida generalizada de las temperaturas.
Un estudio publicado el pasado octubre en la SSRN (Social Science Research Network) ha puesto cifras al impacto del calor extremo sobre el mercado inmobiliario español. Por primera vez, investigadores han demostrado que cada día con temperaturas superiores a 35 °C reduce el precio de venta de la vivienda en las provincias más calurosas —sobre todo Andalucía, Extremadura y Murcia— en 1,40 €/m², y el alquiler en 0,0059 €/m². Aunque el precio de la vivienda sigue subiendo en el conjunto del país, estas regiones empiezan a ver cómo el calor erosiona el valor de sus inmuebles y encarece los seguros.
El calor extremo afecta ya de forma tangible a la habitabilidad de los edificios, lo que reduce su atractivo para compradores e inversores. El Banco de España confirma esta tendencia y recuerda que no sólo el calor, sino también los incendios, las inundaciones y la degradación ecológica —como se ha hecho patente tras el deterioro del mar Menor, en el sudeste del país— están provocando pérdidas inmobiliarias millonarias. El sector inmobiliario español ya se plantea incorporar variables ambientales a la planificación de la compraventa y el alquiler de viviendas.
El fenómeno tiene un efecto inverso en las zonas más frescas del norte del país, donde los precios suben ligeramente gracias a un desplazamiento de la demanda. En este sentido, el estudio aporta también una nueva perspectiva al concepto de migración climática, que empieza a detectarse no sólo en España, sino también en regiones de países industrializados especialmente expuestas a fenómenos climáticos adversos: se están intensificando desplazamientos internos que siguen factores de bienestar y seguridad. Son movimientos lentos y casi imperceptibles, pero, como muestra este análisis, no pasan desapercibidos para la sensibilidad de los indicadores de mercado.
El caso de los incendios de Los Ángeles
El ejemplo más extremo fueron los mencionados incendios forestales y urbanos en California, cuyo impacto mediático, causado por las propiedades de los famosos de Hollywood devastadas, fue enorme. La catástrofe se ha convertido en el episodio de incendios de origen forestal más costoso jamás registrado. Las estimaciones iniciales situaban las pérdidas aseguradas entre 8.000 y 20.000 millones de dólares; pero finalmente, el balance anual del Swiss Re Institute confirmó un impacto asegurado de unos 40.000 millones de dólares, una magnitud que ilustra la enorme exposición de las zonas urbanas de alto valor a los nuevos riesgos climáticos.
En EE. UU., país con uno de los mercados inmobiliarios más sofisticados, el impacto de la catástrofe de Los Ángeles ha alterado la percepción del riesgo climático. California se ha convertido en el primer estado en exigir a los vendedores de viviendas que revelen el riesgo de incendio, y otros estados vulnerables a fenómenos extremos —como Florida, que ya ha aprobado una ley para obligar a divulgar el riesgo de inundación— avanzan hacia medidas similares.
Cabe señalar que el portal inmobiliario Zillow incorporó en 2024 una herramienta llamada Climate Risk Score, que ofrecía para más de un millón de viviendas una evaluación del “riesgo climático”. El pasado noviembre, la empresa retiró esta puntuación de sus anuncios tras las quejas de agentes inmobiliarios y las presiones políticas procedentes de sectores negacionistas. Aun así, las consultas al indicador se han multiplicado entre los compradores que quieren valorar el riesgo estimado de incendios forestales, inundaciones, calor extremo y mala calidad del aire.

Los incendios de California encabezan la lista de los desastres económicamente más costosos de 2025.© pexels- solyart
2025: un año nefasto en catástrofes y en desequilibrios
Los incendios de California encabezan la lista de los desastres económicamente más costosos de 2025, un año en el que los datos globales confirman con contundencia lo que se viene repitiendo año tras año en las COP: el cambio climático no afecta por igual a todas las regiones.
Según el informe Counting the Cost 2025 de Christian Aid, las diez catástrofes climáticas más devastadoras del año sumaron 122.000 millones de dólares en pérdidas aseguradas. Sin embargo, la distribución de estas pérdidas revela un contraste profundo entre los países industrializados y los de renta baja.
En los países ricos, los desastres climáticos generan sobre todo pérdidas económicas, pero con una capacidad de recuperación mucho mayor. En cambio, en los países más pobres, sin el apoyo masivo de aseguradoras y gobiernos, los fenómenos extremos provocan menos pérdidas económicas directas, pero muchas más víctimas y desplazados, porque las infraestructuras son más frágiles y los sistemas de protección casi inexistentes.
Un ejemplo es la desigual capacidad de resiliencia tras las inundaciones que sufrieron los estados del sur de EE. UU. y las que arrasaron el sudeste asiático en noviembre, que tuvieron una resonancia mediática muchísimo menor. De Tailandia a Sri Lanka, pasando por Indonesia, Vietnam y Malasia, los tifones y tormentas tropicales causaron 25.000 millones de dólares en daños, pero también más de 1.750 muertes. En Filipinas, los tifones dejaron más de 5.000 millones en pérdidas y 1,4 millones de personas desplazadas. En Pakistán, las lluvias monzónicas fueron un 12 % más intensas de lo habitual, agravando inundaciones que afectaron a comunidades ya vulnerables. Pero estas catástrofes apenas generaron indemnizaciones: en la mayoría de estos países, más del 80 % de las pérdidas no está asegurado.
El contraste con Estados Unidos y Europa es abrumador: allí, la mayoría de los damnificados recibió compensaciones de sus aseguradoras y ayudas gubernamentales.
A escala global, solo en la primera mitad de 2025, EE. UU. concentró más del 90 % de todas las pérdidas aseguradas del planeta, con 92.000 millones de dólares cubiertos por pólizas.

En los países más pobres, sin el apoyo masivo de aseguradoras y gobiernos, los fenómenos extremos provocan menos pérdidas económicas directas, pero muchas más víctimas y desplazados. © UNHCR
Hay que revertir la tendencia
La ciencia económica es la que proporciona las evidencias más sólidas sobre las consecuencias de la actividad humana. Desde los accidentes de tráfico hasta las epidemias y pandemias o el agotamiento de recursos, los datos monetizados que ofrecen los observatorios de análisis financiero, las compañías de seguros y los departamentos gubernamentales generan muchas discusiones, pero rara vez son negados por los sectores implicados. Con los efectos del cambio climático ocurre algo similar: los datos son inapelables en el sentido de que muestran tendencias inequívocas.
Incendios, sequías e inundaciones siguen dominando las estadísticas de mortandad y hambrunas, pero ya no son las únicas amenazas. La incidencia creciente de las olas de calor en la salud y en la evolución demográfica, junto con las pérdidas de capital natural provocadas por el deterioro de la biodiversidad, han irrumpido con fuerza en los informes de instituciones económicas de todo tipo.
El patrón es claro: los países industrializados concentran las pérdidas cuantitativas, mientras que los países pobres soportan la mayor carga humana y social. La brecha en la capacidad de adaptación se amplía año tras año. ¿Hasta cuándo seguiremos retardando la respuesta?

Incendios, sequías e inundaciones siguen dominando las estadísticas de mortandad y hambrunas, pero ya no son las únicas amenazas. © UN Photo / Ilyas Ahmed





