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mujer llevando agua

En India no basta con agua

Los proyectos de la Fundación en India han ayudado a salvar y mejorar los cultivos de más de 90.000 campesinos de las zonas azotadas por las sequías y la incertidumbre de los monzones. Son los que más están sufriendo la crisis climática, el abandono social y el yugo del monocultivo. Les han proporcionado agua, pero sobre todo capacidad de autogestión y eficiencia, la base para afrontar un futuro sostenible y justo. La experiencia debe ser universal.

Nuestra familia poseía 4,5 acres de tierra. Cavamos un pozo hace unos años pero luego se secó. Gracias al nuevo embalse y a la lluvia nuestro pozo se ha llenado de agua. Queremos acabar de plantar cacahuetes en toda la extensión de tierra que tenemos”. Radhamma, es una agricultora de Andhra Pradesh, una de las regiones de India más sometidas al estrés hídrico y psicológico que conlleva la dependencia de los monzones. Como su familia y las familias agricultoras vecinas, Radhamma lleva décadas luchando contra la esterilidad de la tierra y la permanente amenaza de la falta de agua. Ahora, un pequeño embalse abre su vida a un futuro mucho más seguro.

Desde la gran sequía que se desencadenó entre 1984 y 1986, la pobreza extrema se hizo endémica y afectó severamente la zona oeste de Andhra Pradesh. Muchas de las familias, acuciadas por las deudas, se vieron obligadas a emigrar a las ciudades donde la mayoría acabaron hacinadas en tugurios sin las mínimas condiciones para tener una vida digna y saludable.

Ahora Radhamma ve como de su pozo vuelve a manar agua. El acuífero que lo alimentaba se ha vuelto a llenar. El fantasma de la emigración ha desaparecido. Ya puede diversificar sus cultivos y no depender sólo del cacahuete. El agua de los monzones, cada vez más irregulares, llena el pequeño embalse que la Fundación Vicente Ferrer y la Fundación We Are Water han construido cercano a su zona de cultivo. Esa agua ha recargado la capa freática y ha frenado la desertificación de las suaves laderas que envuelven el embalse. Ahora, la violenta escorrentía de las tormentas monzónicas se escapa cada vez menos y no arrastra suelo fértil.

Es el poder de un pequeño embalse de 48.300 m3, como el proyectado en D.K.Thanda4: abarca un área de influencia de 21 pozos y permite irrigar 49,37 hectáreas. Y los beneficios para los agricultores se encadenan, como explica Lakshmidevi, una de las campesinas que han visto la resurrección de sus pozos:Teníamos una extensión de 4,85 acres de tierra pero sólo podíamos cultivar 1,5 acres de tierra debido a que no podíamos regar los cultivos con el agua de nuestro pozo. Ahora sí, y hemos podido ofrecer trabajo a algunos campesinos de la aldea”.

 

Una transformación imprescindible

Los pequeños embalses tienen un enorme poder de transformación; permiten abrevar el ganado y la acuicultura, y son además un importante factor de vertebración social para la comunidad. La gestión de su construcción por parte de campesinos es otro de los beneficios que a la larga se muestran más transformadores para el territorio. Las comunidades rurales han sido tradicionalmente excluidas de los procesos de toma de decisiones en la gestión de su territorio y su empoderamiento a este respecto es un cambio imprescindible para su futuro sostenible. La comunidad hace suyo cada proyecto, se organiza para la construcción de las infraestructuras y la gestión del agua, y se responsabiliza de su uso eficiente.

La recuperación de estas infraestructuras, que se remontan a la cultura ancestral de India, y este modelo de gestión sostenible por parte de la comunidad han constituido uno de los ejes de la colaboración de la Fundación We Are Water con la Fundación Vicente Ferrer.  Desde los primeros embalses que se construyeron en Ganjikunta, en 2011, y Girigetla, en 2014, y los recientemente finalizados de Settipalli y D.K.Thanda4, unos 5.500 campesinos han mejorado su nivel de vida y son más resilientes a las sequías e inundaciones; constituyen el germen de la transformación agraria de India.

 

El riego eficiente, una prioridad

Con estas presas se ha logrado una capacidad de 171.000 m3 de agua embalsada que puede regar 130 ha de cultivos. Pero para lograr una agricultura sostenible no sólo hace falta el acceso al agua, es imprescindible aumentar la eficiencia de los sistemas de riego y la adecuada gestión de los pozos, lo que es fundamental en India y el resto del planeta amenazado por el clima y la inseguridad alimentaria. 

El desarrollo de la horticultura a través de sistemas de riego por goteo ahorra hasta un 75 % de agua, que puede utilizarse para irrigar nuevas zonas de cultivo. La instalación de nuevos sistemas de fotoirrigación y la gestión adecuada de los pozos son imprescindibles para un país cuyas reservas de agua subterránea se agotan, al haberse multiplicado la extracción por siete en los últimos 50 años y recientemente a causa de la sequías provocadas por la crisis climática. En la actualidad, en India, el 61,6 % del agua para regadío es de origen subterráneo; según el Banco Mundial, el segundo país más poblado de la Tierra extrae cada año más agua subterránea que EEUU y China juntos, pero su productividad es inferior.

Es una situación que tiene que cambiar. Los proyectos de la Fundación han estado en sintonía con la hoja de ruta recomendada por la FAO y ONU Agua para las zonas semiáridas del planeta, y han desarrollado soluciones asumibles por los agricultores con menos recursos. Unos 85.000 campesinos se han beneficiado de sistemas eficientes de riego y de la gestión de pozos en siete proyectos en las zonas más necesitadas del país. Y la experiencia acumulada es una referencia universal para afrontar la crisis climática.

 

Un espejo en el que mirarse

En India, como ocurre en la mayor parte de los acuíferos sobreexplotados del mundo, la disminución del régimen de lluvias y la deforestación son factores determinantes que se unen al incremento de la extracción de agua. La seguridad alimentaria y la preservación del capital natural que representa el suelo agrícola precisa de soluciones que posean una visión integradora global, e India es una referencia a considerar y un buen espejo en el que mirarse. Mientras las zonas más húmedas del país dependen del monzón de verano para la recarga de los acuíferos, las regiones del norte se ubican plenamente en el denominado cinturón subtropical (adyacente al paralelo 30ºN), una zona en la que avanza la desertificación, como ocurre en el sur del Mediterráneo, California y México, en el hemisferio norte, y en Sudáfrica, Namibia, Madagascar y Mozambique, Chile, Argentina y Australia, en el hemisferio sur.

El cambio climático se presenta con malos augurios para la recarga de los acuíferos indios. Las previsiones del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) apuntan a un descenso de las precipitaciones y un aumento de los días de interrupción de los monzones de verano. También se augura un incremento del deshielo de los glaciares del Himalaya que inyectan agua a la gigantesca cuenca del Ganges, en la que se calcula que vive un 8 % de la población mundial. La misma situación se está dando en las cuencas hidrográficas que dependen del hielo alpino, como ocurre, por ejemplo, a lo largo de la cordillera de los Andes, las Montañas Rocosas y el macizo del Kilimanjaro.

La evolución de la agricultura india es una referencia para lograr la sostenibilidad alimentaria del planeta. Los retos de salvaguarda de los acuíferos y el riego eficiente, implican una gestión de los cultivos inteligente que erradique definitivamente el riesgo económico del monocultivo y no degrade la tierra. El empoderamiento de los campesinos es a la vez causa y efecto de su aumento de resiliencia frente a las sequías: su capacidad de autogestión es la base. Tenemos que seguir fomentándola en India y el mundo.