Indonesia: salvar la biodiversidad es salvar el agua

Un nuevo proyecto en la isla de Borneo desvela la precaria situación en la que viven los habitantes de las zonas rurales más abandonadas de la isla, donde la gran disponibilidad de agua no garantiza el acceso de la mayor parte de la población. La pérdida de biodiversidad dificulta el acceso al agua de los que allí viven. Es otro de los graves problemas de la que todavía es una de las grandes reservas de la biosfera.

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Puede parecer paradójico que muchos de los países con mayor disponibilidad de recursos hídricos presenten algunas de las peores tasas de acceso al agua de sus habitantes. Indonesia es uno de ellos. Según datos del Banco Mundial, los indonesios cuentan con 12.200 m3 de agua dulce per cápita; es una cantidad similar a los 12.000 m3 de la República Democrática del Congo, aunque muy inferior a la del Brasil que, con 43.000 m3 por habitante, es el país con mayores reservas de agua del mundo. Pero ni en Brasil, ni en la República Democrática del Congo, ni en Indonesia, el acceso al gua potable llega a todos los ciudadanos.

Según el Programa conjunto OMS / UNICEF de seguimiento del abastecimiento de agua, el saneamiento y la higiene (JMP), se estima que 35 millones de indonesios no tienen acceso al agua. La peor parte se la llevan los habitantes de las zonas rurales: 1,4 millones tienen un acceso limitado al agua (proveniente de una fuente mejorada con un tiempo de ida, espera y vuelta para conseguir agua mayor a 30 minutos), 12,5 millones están obligados a acceder fuentes no mejoradas (un pozo excavado no protegido o un manantial no protegido) y más de tres millones consumen aguas superficiales.

Respecto al saneamiento, en las ciudades, casi 3,5 millones de indonesios practican la defecación al aire libre; y la cifra se dispara a 13,2 millones en las zonas rurales, donde más de 2,7 millones no disponen de una instalación se saneamiento mejorado y ocho millones lo tienen limitado, es decir, instalaciones mejoradas compartidas entre dos o más hogares.

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En Indonesia, más de 12 millones de personas no disponen de fuentes de agua seguras. © John Jodeer

El abandono de las zonas rurales

Los problemas del acceso al agua en Indonesia siguen un patrón que puede hacerse extensivo a la mayor parte de los países de la franja tropical que se debaten entre los extremos de esta paradoja hídrica. El abandono de amplias zonas rurales, faltas de infraestructuras de suministro y saneamiento, y la progresiva deforestación de la pluvisilva (bosque húmedo tropical) causada por la agricultura intensiva, el extractivismo de madera y la falta de gestión del territorio, son situaciones endémicas que causan estrés hídrico y escasez de agua.

A este problema se añaden las consecuencias del cambio climático, que se está dejando sentir en toda Indonesia con un incremento de las inundaciones y una alteración de la alternancia entre las estaciones secas y lluviosas: los periodos secos cada vez duran más en detrimento de los húmedos.

Por otra parte, la crisis del coronavirus ha desvelado la vulnerabilidad cotidiana de los habitantes de Indonesia, como la de muchos países pobres que se encontraban bajo mínimos en higiene a causa de la falta de acceso al agua. La bajísima tasa de vacunación – 34,5%, este noviembre – se concentra mayoritariamente en los grandes núcleos urbanos y deja a la gran mayoría de los indonesios vulnerables frente a la pandemia.

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La progresiva deforestación de la pluvisilva (bosque húmedo tropical), en Indonesia, está causando estrés hídrico y escasez de agua. © Curt Carnemark / World Bank

Dos aldeas abandonadas en Borneo

Un ejemplo de estas deficiencias está en las aldeas de Senangak y Lubuk Tajau, en el subdistrito de Nanga Taman, en la isla de Borneo, donde estamos desarrollando un proyecto de ayuda en el acceso al agua y al saneamiento. Los aldeanos trabajan principalmente como productores de aceite de palma y caucho, y sus ingresos son inciertos. Las instalaciones de suministro, construidas hace muchos años, ya no funcionan y el único manantial salubre está en las colinas, por lo que un total de 112 familias han recaído en los hábitos del pasado, recogiendo agua del río en el que siguen practicando mayoritariamente la defecación al aire libre.

No todas las familias tienen la posibilidad de comprar filtros de agua portátiles y a veces tienen que comprar agua en la capital del subdistrito a un precio económicamente inasumible para muchos de ellos. Por otra parte, la capital del distrito está lejos y es de difícil acceso por carreteras en mal estado. Como consecuencia, en las aldeas existe una alta tasa de enfermedades por el uso de agua contaminada que se ceba en los niños y niñas causándoles un retraso en el crecimiento.

El proyecto tiene como principales objetivos garantizar el acceso a 50 litros de agua potable por día a los aldeanos, lograr la declaración de las dos aldeas como zonas libres de defecación al aire libre, aplicando el método SANTOLIC, desarrollar la educación en la higiene y lograr así reducir la incidencia de enfermedades.

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Un nuevo proyecto de la Fundación en colaboración con World Vision desvela la precaria situación en la que viven los habitantes de las zonas rurales más abandonadas de la isla de Borneo. © John Jodeer

La pérdida de biodiversidad, un pez que se muerde la cola

El proyecto desvela también que la situación de los habitantes de Borneo, y en general de toda Indonesia, se da en el contexto de pérdida de biodiversidad de una de las zonas más ricas de la Tierra. Desde 1950, Borneo ha perdido alrededor de la mitad de su superficie forestal y sólo una cuarta parte nunca ha sido talada. La tala se debe a la extracción de madera y a la transformación del suelo para el monocultivo, principalmente de caucho y de aceite de palma, que están afectando a los últimos restos de pluvisilva primigenia.

Un estudio de la Universidad de Queensland, en Australia, señala que esta deforestación ha aumentado la temperatura y la sequedad de la isla con consecuencias muy negativas para el resto de los bosques y la fauna que está perdiendo especies únicas, y también para su población y su agricultura. Últimamente, las consecuencias del cambio climático con el descenso de la pluviosidad están deteriorando aún más el manto vegetal creando un efecto de retroalimentación positiva que puede acabar destruyéndolo por completo.

Las aldeas de Borneo, como casi todas las del mundo tropical abandonado, nos muestran como el capital natural es insustituible y su pérdida afecta directamente a la vida de las personas. Restituir la biodiversidad, frenando la deforestación y cuidando los cursos de agua es clave para mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático que amenaza directamente la vida de millones de personas.

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Las aldeas de Borneo, como casi todas las del mundo tropical abandonado, nos muestran como el capital natural es insustituible. © Jason Cooper-unsplash