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niña bebiendo agua en marruecos proyecto

Marruecos, entre la desertificación y la pandemia

Un nuevo proyecto de la Fundación promueve el acceso al agua y la higiene en las escuelas de las zonas más empobrecidas de Marruecos. La crisis sanitaria y económica desatada por la covid-19 amenazan el desarrollo sostenible de todo el Magreb, una de las zonas del mundo más perjudicadas por la desertificación provocada por el cambio climático. La solidaridad entre su población es su fuerza.

Al pie de la vertiente sur del Atlas, en el oasis de Skoura, los árboles languidecen. La gran masa verde en medio del desierto, que hace una década poseía más de 70.000 palmeras, además de miles de frutales, está falta de agua. Los acuíferos, sobreexplotados por la agricultura, no reciben tampoco la misma agua de la nieve de las montañas que ha menguado de forma alarmante los últimos años.

En la década de 1980, los agricultores de la región debían perforar pozos de unos ocho metros de media para hallar agua; ahora ésta se encuentra a más de 40 metros de profundidad, por lo que se precisa una cantidad extra de energía para bombearla. Allí no llegan las raíces de los árboles que se secan y mueren. Sus habitantes son de una austeridad legendaria; viven con lo mínimo y con ello obtienen los frutos de la tierra que les han permitido sobrevivir generación tras generación. Cuentan con su capacidad de trabajo y sacrificio, y sobre todo con su sentimiento de solidaridad para salir adelante.

Esta primavera, la pandemia ha golpeado de lleno el motor principal de la economía marroquí y uno de los polos de desarrollo sostenible de la región de Souss Massa Draa, donde se encuentra Skoura: el flujo de turistas que otrora acudían permanentemente para admirar el singular oasis a las puertas del desierto ha desaparecido.  

 

Poca agua e insalubre

Unos 100 km al sureste de Skoura, los oasis que se extienden por la cuenca del río Draa sufren una situación similar. El curso del río, que nace en el alto Atlas y desemboca en el Atlántico, es una cadena de palmerales y huertos, que contrastan con las resecas y rojizas montañas circundantes. También en esta región lucha desde hace años por recargar los acuíferos que alimentan la vegetación y la agricultura que sostiene la economía de la zona.

Allí, en 2014, la Fundación colaboró con UNICEF, por primera vez en Marruecos, en un proyecto en la provincia de Zagora, unazona semidesértica perjudicada con otra de las deficiencias habituales de las regiones rurales más pobres del país: escasas instalaciones de agua y saneamiento, y falta de concienciación y educación sobre adecuadas prácticas de higiene en las escuelas. La elevada tasa de enfermedades infantiles relacionadas con el agua es endémica en las zonas más pobres de Marruecos.

El proyecto procuró tanto el abastecimiento de equipos, como del desarrollo del servicio de mantenimiento y los consecuentes cambios de conducta relacionados con la higiene. Benefició a 32.700 personas y convirtió a los escolares en agentes de comunicación de las buenas prácticas de higiene entre sus familias y comunidades; y las escuelas, con sus maestros, se convirtieron en centros de promoción de los servicios de agua y saneamiento.

 

El reto añadido de la pandemia

Las necesidades de agua e higiene se han multiplicado con la covid-19 en las zonas más deprimidas de Marruecos. En las comunidades más vulnerables, el lavado de manos rara vez se practica debido a la falta de conocimiento. La tasa de diarrea, por ejemplo, sigue siendo muy alta entre los niños pequeños y representa el segundo factor de mortalidad infantil en el país, con una prevalencia del 22% en niños menores de cinco años; este indicador es cinco veces mayor en las zonas rurales.

Unos 200 km al oeste de Zagora se extiende la nueva región de Souss Massa. Allí la Fundación ha iniciado un nuevo proyecto con UNICEFque da continuidad a la experiencia y al modelo de intervención desarrollado, con el objetivo de llegar a las áreas con una población más desfavorecida económicamente y donde los niños tienen más dificultades relacionadas con la educación.

En esta zona reseca, las instalaciones de saneamiento en las escuelas están muy deterioradas. Algunos centros carecen de suministro de agua corriente, las letrinas son disfuncionales y las instalaciones en general no están adaptadas a las necesidades específicas de niños y niñas de corta edad o discapacitados. El proyecto proporciona una solución integral, basada en la rehabilitación de las instalaciones, en la educación sobre higiene y en el fortalecimiento de maestros y las familias. Este enfoque comunitario es clave para afrontar la crisis sanitaria añadida por la covid-19. También lo es para combatir la discriminación de género en base a la sensibilización sobre la higiene menstrual entre las adolescentes y su entorno. La creación de estas capacidades de los actores locales es fundamental para garantizar la sostenibilidad del proyecto y explica el éxito del modelo desarrollado.

 

La amenaza de la desertificación

El nuevo proyecto se lleva a cabo también en la provincia de Guercif en la Región Oriental, una zona situada en el límite sur del Rif Oriental, un área geográfica y cultural que sufre el descenso de precipitaciones que el cambio climático ha acrecentado claramente la última década. Toda la costa africana de la cuenca mediterránea es una zona climática que figura entre las más amenazadas por el calentamiento global de la atmósfera.

Un reciente estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha confirmado las proyecciones que ya avanzó el informe AR5 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en 2014: la costa norte de África será cada vez más seca a causa del descenso de precipitaciones. El estudio del MIT augura descenso de la pluviosidad del 40% durante la temporada de lluvias de invierno en algunas zonas ribereñas del Mediterráneo, como el noroeste de África y el Oriente Medio, donde esta proyección ya se ha hecho evidente los últimos años.

Estas previsiones climáticas suponen una seria cortapisa a los esfuerzos de Marruecos en la lucha contra la pobreza que puede hacerse extensiva a Argelia, Túnez, Mauritania y Libia, países que configuran el Magreb. A principios del pasado enero, el Gobierno de Marruecos lanzó un programa nacional de suministro de agua potable y riego hasta 2027, dotado de 11.800 millones de dólares. Iniciativas similares se están desarrollando en Argelia para 2030 y Túnez, donde el reciclaje de agua para la agricultura cobre un especial protagonismo. Estos países se debaten frente a una pandemia que los empobrece y frena los avances por la consecución del acceso al agua y al saneamiento para toda su población. Las inversiones en educación sobre el ciclo del agua y los beneficios del saneamiento y la higiene son la mejor ayuda a los que han hecho de vivir con poco su principal herramienta de supervivencia. Su sentimiento de solidaridad hará el resto.