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¿Quién manejará los datos del agua?

¿Podrán los algoritmos y el big data llegar a controlar los 42.000 km3de agua dulce utilizable que hay en el mundo? ¿Serán capaces de monitorizar su uso eficiente en todo el planeta? ¿Garantizarán el acceso universal al agua? ¿Crearán desigualdades en la toma de decisiones frente a la crisis climática? No son preguntas de ciencia ficción; en el mundo smart que ya está en marcha, señalan el futuro hacia el que apunta el actual desarrollo tecnológico basado en el big data y la inteligencia artificial.

La lucha en pos de la eficiencia en el uso del agua pasa inevitablemente por la tecnología. Hasta qué punto será ésta necesaria es una pregunta aún sin respuesta, pero es altamente probable que en menos de dos décadas los avances en digitalización permitirán controlar casi todos los aspectos de la actividad humana y, muy en especial, el consumo de bienes y servicios. Entre ellos, la importancia del agua aumentará año tras año debido a la demanda demográfica y el cambio climático. Avanzamos abocados a ello y este futuro tecnológico promete a la humanidad enormes beneficios, aunque también serios peligros a evitar.

Una progresión acelerada

El sector del acceso al agua y al saneamiento se plantea como uno de los campos de desarrollo con mayores potencialidades.Más allá de medir y analizar consumos y demandas para poder hacer predicciones sobre la evolución del suministro urbano - uno de los primeros objetivos del I+D+i del agua -, la obtención de macrodatos y el desarrollo de mecanismos de inteligencia artificial prometen avances vitales: minimizar los riesgos de inundaciones, prever daños en las cosechas, atajar epidemias, gestionar la reutilización del agua, controlar su salubridad y, en un futuro ideal, garantizar la seguridad hídrica del planeta, lo que es sinónimo de seguridad alimentaria y, por tanto, de supervivencia.

En efecto, el acceso al agua y al saneamiento se plantea como uno de los campos de desarrollo con mayores potencialidades para facilitar la vida a las personas a base de tecnología. ¿Cómo va a evolucionar? La historia reciente demuestra lo inútil de profetizar pronósticos concretos, pero ya existen iniciativas que han evolucionado con rapidez, ofreciendo soluciones  efectivas y con prometedoras perspectivas de desarrollo que avanzan, en el mundo industrializado, a paso de gigante.

 

Las grandes promesas de la smart water

En estos últimos años, la smart water ha sido protagonista destacada de los principales foros de discusión sobre el agua y el avance hacia el ODS 6. La eficacia en la gestión del ciclo integral del agua se ha mostrado imprescindible, más allá de garantizar la seguridad en el suministro, en la protección del medio ambiente. La humanidad no puede avizorar un futuro sostenible si no se logra poner fecha límite a la remisión de las aguas residuales sin tratar, que actualmente alcanzan un inadmisible 80 % en todo el mundo.

Aquí, la digitalización propone la fusión de los datos del saneamiento con los del estado del agua en los ríos, acuíferos y mares. De este modo, el cálculo de la eficiencia en el uso del agua podría avanzar en precisión y utilidad al incorporar datos, por ejemplo, de eutrofización, volumen de capturas de pesca y estado de los manglares o de los arrecifes de coral. De este modo, la inteligencia artificial asociada al big data da nuevas y esperanzadoras perspectivas al desarrollo de soluciones basadas en la naturaleza para restaurar la salud de los ecosistemas.

La información satelital es otra fuente de datos que ya está permitiendo avanzar en el desarrollo de modelos hidrológicos que contemplan la monitorización de embalses, canales, ríos, nieve o acuíferos para facilitar la gestión eficiente de cuencas y regadíos. También los algoritmos aplicados a la previsión meteorológica, conjuntamente con los datos de sensores terrestres, podrán pronosticar cada vez con mayor precisión las inundaciones, alertando a los sistemas de saneamiento urbano de avenidas pluviales que, en algunos casos, llegan a superar hasta 100 veces el caudal de as aguas residuales en el alcantarillado, como ocurre en muchas ciudades tropicales y subtropicales.

Existen también proyectos para incorporar estos datos a los de las estaciones depuradoras y potabilizadoras que, debidamente interconectadas, son la base de los sistemas de reutilización de agua para el suministro domiciliario que ya están funcionando. Así pues, en un futuro amenazado por la violencia meteorológica que augura el cambio climático, la tecnología avanzada está destinada a mejorar el medio ambiente y la seguridad de los ciudadanos. Varias empresas están ya desarrollando aplicaciones en estos campos que auguran un desarrollo acelerado e imparable.

En el campo de la sanidad, la pandemia de la covid-19 ha permitido desarrollar sistemas de detección del virus en las aguas residuales. Esto abre un campo de incalculables beneficios sociales en base a la detección y gestión de epidemias y pandemias, y permite avizorar un futuro en el que el ciclo integral del agua estará plenamente integrado como una poderosa herramienta para la gestión de la salud colectiva.

 

Smart sí, pero ¿para todos?

Pero no todo son buenos pronósticos. Ya varias veces hemos señalado que tal desarrollo no es escalable en la actualidada todo el planeta, y que en muchos aspectos está ensanchando la brecha tecnológica. Hablar de sistemas avanzados de integración de datos y de algoritmos de este nivel obliga a hablar de altos niveles de inversión y de gobernanzas predispuestas a proporcionar los incentivos necesarios.

El marco de desarrollo en los países que acumulan los más de 838 millones de personas sin acceso suficiente al agua potable y los 2.100 sin saneamiento seguro está a años luz del de las comunidades avanzadas que ya planifican cobertura plena 5G y avanzan en el despliegue de nanosatélites. Según datos del Banco Mundial, sólo el 10% del planeta tiene conectividad digital plena, lo que da una idea del hándicap con el que parten los países en vías de desarrollo para incorporarse al tren de los beneficios de la smart water.

También en el mundo industrializado hay desigualdades que frenan la integración plena a la gestión digital del agua. Un ciclo integral del agua smart es inviable en general para los pequeños municipios por falta de capacidad financiera,por lo que ésos se ven obligados a asociarse en consorcios para conseguirlo. Estas alianzas están enfocadas a una colaboración entre el constructor de las infraestructuras, su operador, el desarrollador tecnológico y empresas que aporten soluciones, lo que entra de lleno en la asunción del ODS 17: “Alianzas para lograr objetivos”.

¿Quién toma las decisiones?

Un inmenso mar de datos aguarda. Un mundo interconectado permite imaginar una realidad en la que los algoritmos evitan las hambrunas, las inundaciones y las epidemias; no es una quimera, aunque aún esté lejos y no garantice de entrada la igualdad para todos los habitantes de la Tierra. Sin embargo, durante la última década han aumentado las alertas de los que critican la globalización digital y alertan de la progresiva cesión de poder a los macrodatos y los algoritmos, lo que amenaza con transferir la toma de decisiones a unas pocas empresas que han hecho de la gestión de estos grandes bancos de información la base de sus ganancias.

Por otra parte, la globalización digital y la inteligencia artificial hacen posible centralizar el procesamiento de la información y la creación de algoritmos que favorezcan a un poder político manipulador opuesto a los principios democráticos de los derechos humanos o favorable a determinados poderes económicos. Han habido ya en los últimos años incipientes ejemplos de cómo la política se podría plantear en un futuro inmediato como una lucha por controlar los datos y los algoritmos.

Según el Banco Mundial, en 2018 se calculaba que el 1 % del mundo más rico posee el 50 % de la riqueza del planeta. Este mundo más rico es el que mayoritariamente concentra el conocimiento científico y tecnológico asociado al big data y la inteligencia artificial. El estrés hídrico y la necesidad de adaptación al cambio climático precisan soluciones tecnológicas que pueden favorecer la aceptación de una “dictadura digital” por los beneficios inmediatos y tangibles que ésta comporta, lo que volvería con toda probabilidad a favorecer drásticamente a los que han causado el problema y no a los que necesitan con mayor urgencia las soluciones.

El control del agua por no debe ser la consecuencia de la concentración y centralización del poder digital. Debe ser el resultado de la plena y transparente colaboración entre gobiernos, empresas, instituciones y ciudadanos, lo que es imprescindible para preservar la filosofía que inspira y es la base de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.