El reto de la aridez. La lección de Baja California

El proyecto que desarrollamos en Los Cabos pone el foco sobre uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: el avance del estrés hídrico en las regiones áridas. Esta semana, dos Walkathons for Water en México demostrarán además que los viajeros pueden convertirse en embajadores de una realidad que afecta ya a 2.000 millones de personas en todo el mundo.

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El proyecto que desarrollamos en Los Cabos pone el foco sobre uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: el avance del estrés hídrico en las regiones áridas. © Marcus-woodbridge-unsplash

Son muchos los factores que configuran la complejidad del acceso al agua en las zonas áridas y semiáridas del mundo. De los 129 proyectos que hemos desarrollado en 41 países, 27 han abordado directamente los retos de estas zonas presionadas por el estrés hídrico crónico. Desde India y México, hasta la Guajira colombiana, Sertaõ brasileño, Etiopía o Ecuador, en todos los casos hemos trabajado en territorios que necesitan más agua de la que la naturaleza es capaz de renovar. Aunque cada territorio presenta particularidades propias, todos comporten la misma preocupación: la intensificación progresiva del fenómeno debido al cambio climático.

A mayor estrés hídrico más vulnerabilidad ante las sequías. Por ejemplo, un país con estrés hídrico que sufre un periodo de sequía anómalo está abocado al colapso ya sea de su agricultura y ganadería – lo más común en las regiones pobres -, al corte de suministro urbano o al bloqueo de su producción energética, o a las tres cosas a la vez. Un dramático ejemplo lo tenemos en las hambrunas que se desencadenan en el Sahel y el Cuerno de África cada vez que una sequía azota estas regiones.

Acuíferos al límite en la península de Baja California

La península de Baja California es una de las regiones en las que esta situación es evidente desde décadas. Sus acuíferos presentan signos de sobreexplotación: se ha bombeado más agua de la que estos reciben de la lluvia y la infiltración, lo que ha provocado el descenso de los niveles freáticos y una creciente presión sobre la disponibilidad futura de agua.

Por ejemplo, el acuífero del Valle de Mexicali presenta una extracción muy superior a su recarga natural. Allí, en varias zonas agrícolas se han documentado descensos del nivel freático de hasta 0,5-1 metro por año. La región depende en parte del sistema hidrológico del río Colorado, una cuenca que sufre una sequía persistente los últimos años.

A más de 1.000 km de distancia, la comunidad de Los Cabos, en el extremo sur de la península, la situación es similar. El municipio obtiene buena parte de su agua del acuífero Cabo San Lucas, una unidad hidrogeológica de 515 km² sometida a una creciente presión por el aumento de la demanda. El incremento significativo en las temperaturas máximas y una reducción creciente de las lluvias han disminuido la recarga natural subterránea.

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A mayor estrés hídrico más vulnerabilidad ante las sequías. La península de Baja California es una de las regiones en las que esta situación es evidente desde décadas.

No solo el cambio climático, también las infraestructuras

Allí, en Cabo San Lucas, hemos iniciado un proyecto con el objetivo de asegurar el agua a más de 1.200 familias que la reciben de forma muy intermitente, con fuertes desigualdades entre zonas y cuotas elevadas para un servicio insuficiente. En las colonias periurbanas del municipio, el suministro disponible es de 450 litros por segundo (lps), que cubre menos de la mitad de la demanda estimada en 1.000 lps, lo que deja un déficit estructural de unos 600 lps. La disminución del acuífero ha causado el cierre progresivo de pozos, lo que ha dejado a más de 40 zonas sin agua.

Esta población depende ahora de camiones cisterna para abastecerse. No existen infraestructuras formales de suministro y las existentes son precarias: pozos deteriorados, sistemas de bombeo obsoletos y depósitos insuficientes. El saneamiento se basa en fosas sépticas que a menudo no se utilizan de forma adecuada, por falta de agua, lo que conlleva inadecuadas prácticas de higiene.

La participación plena de la comunidad comienza con el levantamiento topográfico y la definición de los componentes técnicos del sistema. Seguidamente, aportamos los suministros y materiales para construir las infraestructuras de almacenamiento y conducción del agua, así como para la presurización de la red de distribución que llevan el agua hasta los hogares.

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Allí, en Cabo San Lucas, hemos iniciado un proyecto con el objetivo de asegurar el agua a más de 1.200 familias que la reciben de forma muy intermitente, con fuertes desigualdades entre zonas y cuotas elevadas para un servicio insuficiente. © Curt Carnemark / World Bank

La voz del turismo solidario

Durante décadas, el turismo ha transformado profundamente destinos costeros como Los Cabos. La industria turística, por su visibilidad y escala, emerge en la actualidad como un motor de sensibilización y cambio en la gestión justa del agua. Su papel como agente de responsabilidad social va más allá de las infraestructuras hídricas sostenibles: influye en los millones de personas que las utilizan.

Hace ocho años iniciamos la colaboración con Hilton Grand Vacations a través de la iniciativa Hagamos un Trato por el agua y la sostenibilidad, un proyecto que marcó un punto de inflexión en implicación de los huéspedes en el uso responsable del agua. Aquella experiencia evolucionó hacia las Walkathons for Water, caminatas solidarias que combinan sensibilización y recaudación de fondos. Durante recorridos de entre 4 y 6 kilómetros, los participantes experimentan una distancia similar a la que millones de personas recorren cada día para acceder al agua. El lema de la iniciativa resume su espíritu: “Por cada kilómetro que camines tú, otra persona caminará un kilómetro menos en busca de agua”.

Desde entonces hemos celebrado 43 Walkathons y, cuando concluya la temporada actual, habremos alcanzado las 63. Este año hemos programado 20 caminatas en ocho países y solo quedan cuatro por celebrarse. Dos de ellas tendrán lugar esta misma semana en México: una en Hilton Vacation Club Cabo Azul Los Cabos, en Baja California Sur, y otra en Hilton Grand Vacations Club Zihuatanejo, en el estado de Guerrero. Aunque ambos destinos presentan realidades climáticas muy diferentes, comparten un mismo objetivo: movilizar a viajeros y comunidades locales para transformar la solidaridad en proyectos que mejoren el acceso al agua y al saneamiento.

Con la edición de este año, con las Walkathons habremos contribuido a financiar con donativos de los participantes 13 proyectos en India, Colombia, Tanzania, Rumanía, Moldavia, Ucrania, Madagascar, Marruecos, Indonesia, Guatemala y México, incluido el que actualmente desarrollamos en Los Cabos.

Embajadores de las tierras áridas

En regiones áridas como la península de Baja California, donde el cambio climático intensifica la presión sobre unos recursos hídricos ya limitados, la concienciación también se ha convertido en una herramienta fundamental. Las Walkathons demuestran que los viajeros pueden desempeñar un papel que va mucho más allá del turismo. Al conocer de cerca los desafíos del agua y contribuir a financiar soluciones, se convierten en embajadores de una realidad que afecta a millones de personas. Porque garantizar el acceso al agua no depende únicamente de infraestructuras y tecnología: también requiere ciudadanos informados y comprometidos capaces de trasladar este desafío global mucho más allá de los territorios donde se manifiesta con mayor dureza.

Una cuarta parte de la población mundial, alrededor de 2.000 millones de personas, vive actualmente en situación de estrés hídrico. Lo que ocurre en Baja California no es una excepción, sino una advertencia de lo que puede suceder en muchas regiones áridas del planeta cuando el cambio climático, la sobreexplotación de los acuíferos y la falta de infraestructuras se combinan. Pero también demuestra que la vulnerabilidad no procede únicamente del clima. La falta de inversión, mantenimiento y gestión adecuada puede agravar problemas ya existentes. Frente a ello, incluso intervenciones relativamente pequeñas pueden transformar de forma duradera la vida de las comunidades más vulnerables.

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Las Walkathons demuestran que los viajeros pueden desempeñar un papel que va mucho más allá del turismo. Al conocer de cerca los desafíos del agua y contribuir a financiar soluciones, se convierten en embajadores de una realidad que afecta a millones de personas.