Cuando el agua viaja en camión

Millones de hogares en todo el mundo necesitan el agua de camiones cisterna para vivir. Las sequías, la sobreexplotación, la contaminación y la falta de inversión en las infraestructuras hacen que esta población aumente día a día. Es un tipo de suministro imprescindible cuando todo falla, pero a menudo es informal, no regulado y sin garantías de salubridad. Debemos tenerlo en cuenta para que esta solución sea justa para todos y no hipoteque el futuro del acceso al agua.  

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La solución de transportar el agua en camiones cisterna se está extendiendo en muchas zonas del mundo donde no llega el suministro. Hace décadas, cuando el acceso al agua empezó a empeorar en numerosas comunidades a causa de la sobreexplotación y contaminación de acuíferos y ríos, se evidenció la mala gestión de muchos gobiernos y el abandono de las infraestructuras de suministro de las comunidades más débiles y vulnerables.

El transporte de agua potable se vuelve imprescindible en muchas de estas situaciones en las que no hay alternativa. Un caso claro es el de los desastres naturales, cuando inundaciones o terremotos destruyen las infraestructuras de acceso y saneamiento creando un doble problema de falta de agua y de contaminación fecal de las capas freáticas a través de los pozos inundados.

Recientemente, a estos problemas se les ha añadido la pandemia de la covid-19, las sequías recurrentes debidas al cambio climático y los conflictos bélicos prolongados. Según ONU Agua, millones de personas, tanto de zonas rurales como urbanas, han pasado a depender del suministro de agua por camiones cisterna. Algunos, en función de la atención gubernamental o de su capacidad económica, la reciben directamente en sus hogares; pero son mayoría los que tienen que acudir a las fuentes que se han secado, confiando en que los camiones las habrán rellenado, o a puntos determinados de reparto a horarios discrecionales para llenar sus recipientes y conseguir el agua para beber, cocinar y lavarse.

 

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Millones de hogares en todo el mundo necesitan el agua de camiones cisterna para vivir. © Andrew Thomas

 Un mercado desregulado, inseguro y muchas veces abusivo

Según un estudio del Instituto de Recursos Mundiales, el mercado del suministro de agua potable mediante camiones cisterna está al alza en las regiones con mayor estrés hídrico del mundo: gran parte del sur de Asia y regiones de Medio Oriente, Latinoamérica y el África subsahariana. El estudio muestra datos de situaciones extremas; por ejemplo, durante los últimos 10 años, en Karachi, Pakistán, la flota de camiones aljibe se ha duplicado, y en Lagos, Nigeria, ha llegado a cuadruplicarse.

Los factores socioeconómicos crean contextos muy dispares; los casos de la provincia chilena de Petorca, de Lima, la capital de Perú, y del Yemen dan una idea de la complejidad de las causas y sus soluciones.

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El mercado del suministro de agua potable mediante camiones cisterna está al alza en las regiones con mayor estrés hídrico del mundo.

El caso de Petorca: sequía persistente y agricultura intensiva

Un estudio de la Universidad de Chile ha analizado la prolongada sequía que empezó la provincia de Petorca, en 2010 y que aún está haciéndose sentir en una zona cuyos recursos hídricos han ido menguando. En 2019, más de 383.000 hogares rurales vivían sin agua potable. La reacción gubernamental fue la distribución inmediata de agua potable para consumo humano mediante camiones cisterna; ante la persistencia de la sequía esta situación se ha vuelto permanente, y sin alternativa a corto plazo. En la actualidad, el 15,4% de las comunidades rurales recibe agua de camiones cisterna. En Cabildo, una de las principales comunas de Petorca, el agua que consumen sus 22.000 habitantes llega en camiones.

¿La causa? El estudio señala las 16.000 hectáreas de cultivo de aguacate o palto, cuando en la década de 1990 estas no llegaban a las 2.000. Cada hectárea de estas plantaciones necesita unos 100.000 litros diarios de agua, una cantidad mucho mayor que los cultivos tradicionales y diversificados que existían antes: patatas, tomates, árboles frutales, flores y hortalizas. El aguacate se lleva el consumo de 1.000 personas.

 

 El caso del Yemen y Ucrania: la guerra

Desde marzo de 2015, la guerra civil en Yemen la destruido las infraestructuras de agua y ha interrumpido el suministro para cuatro millones de personas que dependen de los camiones cisterna. Pero esa agua no llega siempre a todos. El propio conflicto bélico es la causa de la falta de combustible que impide a los camiones llegar a su destino.

Esta situación de desabastecimiento no hace más que agravar las consecuencias de la destrucción de las instalaciones de saneamiento. La población se enfrenta a un alto riesgo de enfermedades transmitidas por el agua y a epidemias; la peor, la de cólera que, desde 2016, a causado más de 3.500 muertes y 1,7 millones de afectados. El hambre es otra consecuencia: según UNICEF, uno de cada cinco niños en Yemen sufren hoy desnutrición y más de la mitad de la población sufre inseguridad alimentaria severa.

El transporte de agua por carretera está también dramáticamente presente en Ucrania, especialmente en las zonas donde los bombardeos han destruido las infraestructuras, pero también en los campos de refugiados fronterizos que, según ACNUR, han registrado a día de hoy, el paso de más de 8,7 millones de emigrantes. Casi todos ellos han necesitado agua transportada en camiones para beber, cocinar y asearse.

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La guerra civil en Yemen ha destruido las infraestructuras de agua y cuatro millones de personas dependen de los camiones cisterna. © Campo de desplazados en Sa’dah. Yemen /OCHA / Philippe Kropf

Lima: endémico abandono gubernamental

El cambio climático está restringiendo la poca agua de lluvia que cae normalmente en Lima. Los cerca de 10 millones de habitantes de la capital de Perú tienen un acceso muy desigual al agua; cerca de 1,5 millones de personas no están conectadas a la red de suministro. Muchos de los hogares más pobres en las extensas áreas metropolitanas de la ciudad dependen exclusivamente de camiones cisterna para su agua pagando cantidades que muchos no pueden asumir.

Durante la pandemia de la covid-19, ante la dramática situación de colapso económico de muchas familias, el gobierno suministró agua gratuita a más de 800.000 personas en Lima y Callao. Desde el inicio del estado de emergencia sanitaria y hasta marzo de 2022, se han repartido 10.4 millones de metros cúbicos de agua potable en 25 distritos, sumando un millón de viajes de camiones cisterna. 

 

Agua para hoy ¿Y mañana?

Según el Banco Mundial, hasta 1.900 millones de habitantes urbanos podrían experimentar escasez de agua por temporadas para 2050. Los camiones cisterna van a proliferar en el futuro. El propio Banco Mundial prodiga ayudas, pues es una alternativa más viable a corto plazo que lograr las inversiones necesarias para infraestructuras de suministro en las zonas más necesitadas. Pero, como muchos expertos señalan, el uso de camiones es un arma de doble filo que no garantiza la seguridad hídrica a largo plazo.

El rápido incremento de la demanda ha generado un mercado emergente muy poco regulado. Las ONG reportan constantes abusos de operadores informales, que en algunas zonas llegan a cobrar hasta 10 veces el precio del agua que pagaban anteriormente los consumidores.

 

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Según el Banco Mundial, hasta 1.900 millones de habitantes urbanos podrían experimentar escasez de agua por temporadas para 2050. Los camiones cisterna van a proliferar en el futuro.

Esto fomenta que los económicamente más potentes paguen por servicios exclusivos y acaparen las fuentes de agua exteriores de forma muchas veces ilegal. Ocurrió en Ciudad del Cabo en la escasez hídrica de 2017 y 2018, y en Chennai, la sexta ciudad más grande de India, en verano de 2019, cuando flotas de miles de camiones cisterna privados transportaron agua del exterior, no siempre de fuentes autorizadas.

Por otra parte, en algunas ocasiones, la salubridad del agua servida no está garantizada y se han detectado casos de agua contaminada que ha enfermado a la gente. Muchos de estos casos han proliferado en India y Nepal, países en los que la demanda de agua transportada en camiones se ha disparado.

Por otra parte, muchas organizaciones ecologistas y de ayuda humanitaria denuncian que estas cisternas móviles un eslabón de un proceso de privatización del agua causado por el apresuramiento de las administraciones que licitan el acceso a las fuentes de agua de forma que no se garantiza la equidad ni el cuidado medioambiental.

El futuro de los que dependen del agua transportada en camiones no está claro. Las previsiones climáticas, con sequías al alza en la mayor parte de las zonas más demandantes, y el desbordamiento de la gobernanza pueden fomentar una visión cortoplacista que lleve a una situación de “agua para hoy, sed para mañana” que hipoteque el futuro del acceso al agua. Muchos expertos, especialmente en Sudamérica, proponen desarrollar el concepto de red hidrosocial” para integrar el reparto de agua por camiones en la red de suministro regulada gubernamentalmente, pues ahora queda excluida de la categoría de infraestructura u obra hidráulica. Es importante tenerlo en cuenta para evitar la indefensión de los consumidores más necesitados.