El mar empieza en la tierra. El agua no tiene fronteras

El deterioro del océano avanza con rapidez, pero también lo hacen las soluciones. La arquitectura y el turismo sostenible se convierten en instrumentos esenciales para preservar el ciclo del agua y asegurar la resiliencia de las comunidades costeras. La justicia hídrica debe abarcar todo el recorrido del agua.

Allí donde las construcciones crecen sin planificación hídrica el agua sufre. Los ríos y rieras se degradan, los acuíferos se agotan y los océanos reciben un impacto que compromete su salud.

Durante la última década, nuestra plataforma de diálogo Smart Water ha permitido analizar esta complejidad tierra‑mar y ha puesto de relieve el papel decisivo que la arquitectura, el urbanismo y el sector turístico desempeñan en el equilibrio del ciclo del agua.

Tres líneas de trabajo han resultado especialmente reveladoras:

Las conclusiones de estas plataformas de debate constituyen un tanque de ideas que impulsan la concienciación y movilizan iniciativas tanto en la práctica profesional como en las estrategias de las empresas. En este sentido, el océano se entiende como un territorio arquitectónico y como un laboratorio de soluciones para la transición ecológica con beneficios directos para las comunidades costeras más vulnerables.

Este ámbito emergente exige, como ha señalado con frecuencia Carlos Garriga, director de la Fundación, alianzas estables entre todos los sectores que trabajan en agua y saneamiento para que las innovaciones tecnológicas lleguen a quienes más las necesitan y, al mismo tiempo, actúen como primera línea de defensa del océano: “La arquitectura social y la arquitectura ambiental convergen en un mismo objetivo: preservar el ciclo del agua. La justicia hídrica exige que no solo debemos proteger la salud de las personas, sino la del océano, lo que garantiza que el beneficio alcance a todos”.

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La arquitectura y el turismo sostenible se convierten en instrumentos esenciales para preservar el ciclo del agua y asegurar la resiliencia de las comunidades costeras. © OCEANIX Busan

Arquitectura, urbanismo y turismo: gestores del agua

En este proceso, observamos cómo arquitectos y urbanistas asumen un papel central: cada edificio, cada barrio y cada infraestructura urbana influye en la calidad del agua que llega a ríos, acuíferos y océanos.

El sector turístico, por su parte, ofrece un ejemplo especialmente significativo y esperanzador. Sobre el nuevo turismo recae la responsabilidad de liderar un modelo de desarrollo que actúe como referente de sostenibilidad en la forma urbana de vivir en la Tierra. Directamente vinculado a la arquitectura, el urbanismo, la ingeniería y el diseño, el sector hotelero ha avanzado con rapidez hacia una comprensión más profunda de la sostenibilidad y del papel crucial que sus instalaciones desempeñan en el desarrollo humano.

La arquitectura costera, una disciplina en ebullición

La convergencia entre la arquitectura, el urbanismo y el turismo configura un ecosistema profesional capaz de influir en la salud del océano desde la gestión del suministro y del consumo de agua dulce, así como desde el papel decisivo del saneamiento.

Asistimos al reciente Congreso AIA LATAM 2026, Agua, Océanos y Arquitectura, que confirma la consolidación de un nuevo campo profesional: la arquitectura costera como disciplina que integra oceanografía, cultura, ingeniería, ecología y diseño. Un ámbito creativo que da un paso decisivo al abordar el ciclo del agua en su totalidad. La gestión del agua y del saneamiento exige una visión transversal que conecte la tierra adentro con la costa, porque el agua no reconoce fronteras: es un sistema único.

En el congreso, Carlos Garriga presentó casos contundentes basados en nuestros proyectos para mostrar cómo el agua transforma a las comunidades, especialmente a través de la educación. Alertó sobre las paradojas hídricas que se repiten en muchas regiones del mundo, como la de Chiapas: territorios con alta pluviosidad cuyos habitantes, sin embargo, no pueden acceder al agua. Su intervención llevó a la audiencia al núcleo del ciclo hídrico planetario, la Amazonía, a través del documental a través del documental Amazonas: La memoria del agua y la enseñanza clave que se extrae de los pueblos indígenas: “nuestros abuelos son bibliotecas vivas”. Se hace imprescindible acudir a la cultura ancestral para salvar el agua de la Tierra.

Este enfoque abre una vía de trabajo que trasciende la construcción y se adentra en la gobernanza hídrica desde el conocimiento de las antiguas generaciones y la integración activa de las comunidades que la atesoran. La arquitectura costera se convierte así en un instrumento capaz de proteger ecosistemas y fortalecer la relación entre las personas y el océano, la base de la sostenibilidad de cualquier solución.

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La intervención de Carlos Garriga llevó a la audiencia al núcleo del ciclo hídrico planetario, la Amazonía, a través del documental a través del documental Amazonas: La memoria del agua y la enseñanza clave que se extrae de los pueblos indígenas

La salud de los mares: la evidencia es contundente

Las soluciones urgen y las ideas avanzan con rapidez. El Congreso AIA LATAM 2026 lo confirmó con una síntesis contundente: Jacques Rougerie presentó el océano como territorio arquitectónico; el equipo de Zaha Hadid Architects expuso cómo las costas pueden anticipar dinámicas marinas; Iñaki Echeverría situó los humedales como defensa urbana; y Julia Watson recordó que el conocimiento ancestral sigue siendo una tecnología vigente. Cuatro miradas que convergen en un mismo mensaje: la arquitectura costera ya no es una opción, es una necesidad prioritaria.

La urgencia está respaldada por la ciencia. En el reciente Día Mundial de los Océanos, la ONU alertó de un deterioro acelerado: el 90% de las grandes especies de peces está mermado y el 50% de los arrecifes de coral ha desaparecido, mientras seguimos extrayendo más de lo que el océano puede reponer.

Cada año, según la UNESCO, 36.000 km³ de agua dulce llegan al mar, una fase natural del ciclo hídrico. Pero junto a esa agua viajan también las residuales de la actividad humana: las que circulan por las alcantarillas, las que expulsan las depuradoras y desalinizadoras, y las que arrastran industrias y hogares. Estas aguas terrestres desencadenan procesos tan dañinos como la acidificación y el calentamiento oceánico.

Desde la perspectiva de la mitigación del cambio climático el impacto es profundo. Los mares producen al menos el 50% del oxígeno del planeta y absorben el 25% del CO₂, lo que equivale a un millón de toneladas por hora.

La magnitud ecológica y socioeconómica es evidente. El 98% de las especies del planeta habita en los océanos, y más de mil millones de personas dependen de ellos como principal fuente de alimento. Para 2030, la seguridad alimentaria de 40 millones de familias dependerá directamente del mar.

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El 98% de las especies del planeta habita en los océanos, y más de mil millones de personas dependen de ellos como principal fuente de alimento. © pexels-ferdie-cayanga

En el ecuador de la Ocean Decade

En este contexto, la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO impulsa la Ocean Decade, el mayor esfuerzo global para promover acciones científicas destinadas a salvar el mar. El horizonte inmediato es decisivo. Río de Janeiro acogerá en 2027 la Conferencia del Decenio del Océano, un encuentro que reunirá a la comunidad oceánica mundial para evaluar avances y definir nuevas iniciativas. Será un momento clave para consolidar compromisos y para situar la arquitectura costera en el centro de la acción.

La arquitectura costera integra ciencia, ecología, ingeniería, cultura y diseño. Tendrá un papel destacado como instrumento de gobernanza hídrica, no solo por su capacidad para reducir impactos y proteger ecosistemas, sino porque puede transformar la forma en que las comunidades se relacionen con el agua.