Mujeres rurales y agua. El poder contra el hambre y la pobreza

El liderazgo femenino, unido a un cambio de mentalidad en el desarrollo agrícola, es la clave para transformar comunidades y hacer posible la erradicación de la pobreza. En cada caso el agua actúa como vector que impulsa el avance.

Imagen We Are Water

El liderazgo femenino, unido a un cambio de mentalidad en el desarrollo agrícola, es la clave para transformar comunidades y hacer posible la erradicación de la pobreza. © pexels-fatima-yusuf

Esta semana, tres días mundiales consecutivos — el de las Mujeres Rurales (15 octubre), el de la Alimentación (16 octubre) y el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza (17 octubre)— configuran un tríptico social crucial para la evolución del planeta. 

Tras 16 años de trabajo en 41 países, en alianza con entidades internacionales y organizaciones locales, y con participación activa en los debates globales sobre agua y saneamiento, hemos comprobado un cambio decisivo en lo que entendemos como “ayuda”: la efectividad nace cuando las soluciones se identifican dentro de las propias comunidades. En casi todas las ocasiones, el avance comienza con un gesto claro: desvelar esas soluciones y asegurar su apropiación por parte de las personas para que las impulsen y las mantengan.

Imagen We Are Water

Sin acceso seguro y suficiente en sus aldeas, las mujeres rurales – y, en muchas ocasiones, también sus hijas – siguen atrapadas en las tareas de ir a buscar agua para sus familias. ©pexels-vilij-corps

La justicia de género impulsa el acceso al agua

En este tiempo, la consciencia internacional sobre el imperativo de la igualdad de género en el acceso al agua ha avanzado significativamente. El agua determina el tiempo de las mujeres, su seguridad, su salud y su autonomía económica. Sin acceso seguro y suficiente en sus aldeas, las mujeres rurales – y, en muchas ocasiones, también sus hijas – siguen atrapadas en las tareas de ir a buscar agua para sus familias.

Sin embargo, un cambio de actitud se ha consolidado con fuerza. Las mujeres rurales ya no se contemplan solo como sujetos pasivos -generalmente víctimas –  sino como agentes activos capaces de generar soluciones. 

Hace unos meses apuntábamos esta realidad que ha quedado de manifiesto en nuestros proyectos: además de reconocer que el agua impulsa la justicia de género, afirmamos que la justicia de género impulsa el acceso al agua. Es un cambio de perspectiva que debemos tener en cuenta en el Día Mundial de las Mujeres Rurales.

En nuestros proyectos, en contextos rurales muy distintos, pero siempre azotados por la sequía y la falta de infraestructuras, hemos comprobado e impulsado el rol de las mujeres como base del avance hacia el pleno acceso al agua. En las comunidades agrícolas de Nicaragua, Honduras y Chiapas; en otras africanas, como en Etiopía y Tanzania; y en India, el país con el mayor reto agrícola planetario, sometido a la inestabilidad climática y estructural, nos permiten demostrar que el patrón se repite: el liderazgo femenino es la clave de la eficacia a corto plazo y de la sostenibilidad. 

Las mujeres asumen con plena capacidad la base del liderazgo de los comités de agua, la gestión y el mantenimiento de las infraestructuras, la monitorización del suministro y el diálogo interpersonal e institucional.

 

Lo hemos constatado con las agencias de la ONU y las principales ONGs con las que colaboramos: dar poder  a las mujeres es la forma más eficiente de impulsar una comunidad y es el punto de partida para que el agua llegue a todos.

El informe Women in Water Utilities: Breaking Barriers, elaborado por el Banco Mundial, es explícito al respecto y sintetiza mejor que ningún otro este giro conceptual. Entra de lleno en los sectores económicos: las entidades gestoras del agua y el saneamiento que incorporan a más mujeres en puestos técnicos y de liderazgo muestran mejores resultados operativos, mayor sostenibilidad a largo plazo y una mayor capacidad de adaptación climática. La justicia de género es un activo operativo.

Imagen We Are Water

Lo hemos constatado con las agencias de la ONU y las principales ONGs con las que colaboramos: dar poder  a las mujeres es la forma más eficiente de impulsar una comunidad y es el punto de partida para que el agua llegue a todos © Carlos Garriga WAWF

La seguridad alimentaria, consecuencia inmediata

La gestión adecuada del agua tiene como primer resultado tangible la seguridad alimentaria, y aquí de nuevo intervienen las mujeres. En 2023, el informe de la FAO aportó datos contundentes: las raíces del hambre rural se encuentran en el desequilibrio entre lo que las mujeres hacen y lo que tienen. De hecho, las mujeres representan el 41% de la fuerza laboral agroalimentaria, pero enfrentan barreras estructurales que limitan su productividad. Cerrar esta brecha podría reducir la inseguridad alimentaria de 45 millones de personas y aumentar el PIB mundial en 1 billón de USD.

Si dispusieran de los mismos recursos productivos que los hombres, la producción agrícola en los países en desarrollo podría aumentar entre un 2,5% y un 4%, reduciendo el hambre mundial entre un 12% y un 17%. De nuevo, la igualdad no es solo justicia: es eficiencia.

En el Día Mundial de la Alimentación, la FAO insiste en la necesidad de innovar y de que las nuevas tecnologías lleguen a todos, pero también aboga por fomentar las prácticas tradicionales en relación con la tierra y el agua. En estos 16 años, hemos corroborado lo que es una evidencia en el resto de nuestras intervenciones: la recuperación de los conocimientos ancestrales es una de las herramientas más eficaces para crear entornos sostenibles.

En las zonas con mayor estrés hídrico, el avance de la deforestación y minadas por la emigración, un aspecto crucial para avanzar consiste en integrar cultivos y bosques, aprovechando los servicios ecosistémicos sin alterarlos. En los bosques tropicales húmedos de Nicaragua, en uno de nuestros primeros proyectos de apoyo a la agricultura regenerativa, así como en las zonas de transición de Ecuador, la preservación del capital natural es un campo de inversión con un retorno socioeconómico altamente positivo.

La pobreza, al final de la cadena

Actualmente, la pobreza ya no se define solo como falta de ingresos, sino como privación de capacidades básicas: alimentación adecuada, vivienda digna, salud, educación, agua y saneamiento, conectividad y resiliencia climática. 

Y la pobreza planetaria es abrumadoramente rural. En 2022, más de tres cuartas partes de los pobres extremos vivían en áreas rurales, y la mitad de los pobres extremos del mundo vivían solo en zonas rurales del África Subsahariana sometidas a altos niveles de estrés hídrico. 

Una de las consecuencias más lacerantes de la escasez de agua es el fenómeno migratorio. Según informes del Banco Mundial, la FAO y el IPCC, alrededor del 25% de la migración interna en África está directamente vinculada a la escasez hídrica, la degradación de suelos y la pérdida de productividad agrícola. Cuando el agua desaparece, las familias se desplazan hacia ciudades que no pueden absorber el flujo, generando nuevos asentamientos informales de degradación y vulnerabilidad.

Imagen We Are Water

La conjunción del liderazgo femenino, una agricultura capaz de regenerar su entorno y la salida de la pobreza encuentra en India un ejemplo paradigmático: los pequeños embalses y la gestión integral de las cuencas. ©Javier Biscayar-FVF

Soluciones integrales en India

La conjunción del liderazgo femenino, una agricultura capaz de regenerar su entorno y la salida de la pobreza encuentra en India un ejemplo paradigmático: los pequeños embalses y la gestión integral de las cuencas. En un país donde las sequías provocan desnutrición, mortandad y enfermedades, la ruina familiar ha tenido consecuencias devastadoras: según la Fundación Vicente Ferrer, los desastres climáticos de las últimas tres décadas han llevado al suicidio a unos 300.000 campesinos, incapaces de asumir la migración a ciudades donde acabarían como desplazados internos en tugurios degradados.

Estas infraestructuras tradicionales constituyen el germen de la transformación agraria de India. Integradas en una gestión completa de las cuencas, permiten rehabilitar estanques, recargar acuíferos, reducir la erosión, mejorar la calidad del suelo, promover cultivos diversificados y asegurar un riego eficiente.

Desde el primer embalse construido en  Ganjikunta en 2011 hasta nuestra intervención en la presa de Tungabhadra en Nandyal el pasado año, unos 8.000 campesinos disponen hoy de agua en las épocas más duras de sequía, diversifican sus cultivos, dan de beber al ganado, recuperan sus acuíferos y regeneran la masa forestal.

En todos estos proyectos, el patrón se repite: son sistemas sociales, agrícolas y económicos donde el liderazgo femenino sostiene la eficacia y la sostenibilidad y la agricultura diversificada y sostenible proporciona seguridad alimentaria. El resultado es una reducción de la pobreza, un mayor enraizamiento en la tierra y una resiliencia climática más sólida. Demuestran que las soluciones están latentes en las comunidades. Cuando se desvelan y se apropian, la vida cambia.