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La salud de la comunidad empieza en la escuela

Conseguir agua limpia e instalaciones seguras de saneamiento e higiene es imprescindible pero no es suficiente. El conocimiento debe acompañar los logros. Las escuelas son la base de la salud y del comportamiento higiénicamente eficiente, y los estudiantes la garantía de que las comunidades sigan avanzando. Dos nuevos proyectos en India nos amplían la perspectiva.

Desde la perspectiva del mundo económicamente desarrollado, cuesta imaginar a escolares que asistan a una escuela sin servicio de acceso al agua potable. Sin embargo, todavía unos 288 millones de menores de 15 años no disponen de ningún servicio en sus escuelas: no pueden beber entre clases y durante las comidas, a no ser que alguien, muchas veces ellos mismos, haya traído el agua desde una fuente cercana, no siempre con garantías de salubridad.

Quizá cuesta más imaginar la falta de aseos e inodoros; sin embargo, 240 millones de estudiantes en el mundo todavía tienen que salir de la escuela para o bien defecar al aire libre o usar letrinas inseguras sin ninguna privacidad ni seguridad. Para millones de niñas esta es una experiencia estresante que compromete su seguridad y dignidad, y abandonan sus estudios.

 

¿Manos limpias en la escuela?

En el mundo económicamente rico es impensable que los escolares no se laven las manos antes y después de comer o de usar los baños; es ésta una enseñanza básica en cualquier sistema educativo y su práctica se inculca en los pequeños desde que estos son capaces de alcanzar el grifo del lavadero. Sin embargo, hay 480 millones de alumnos que no tienen en sus escuelas ninguna instalación para hacerlo; y no todas las que las tienen pueden luego dar el servicio higiénico adecuado: el agua limpia, el jabón y las toallas no están al alcance de 321 millones de estudiantes. Esto significa que cuatro de cada diez menores en edad escolar en el mundo no puede practicar un acto esencial de la higiene personal: tener las manos limpias.

El Programa de Monitoreo Conjunto de la OMS y UNICEF (JMP, sus siglas en inglés) recientemente ha incluido los datos de 2021 en su seguimiento de la evolución del acceso al agua, el saneamiento y la higiene desde el inicio de la Agenda 2030. Desde 2015 la evolución es positiva pese al estancamiento que, de forma preocupante, se ha dado estos últimos tres años.

Las peores cifras se dan en las bolsas de pobreza extrema, una situación que ha motivado las llamadas urgentes de los organismos de la ONU y de las ONG. El frenazo se ha dado tras la pandemia del coronavirus, lo que no deja de ser paradójico ya que fue cuando la inmensa mayoría nos concienciamos sobre la importancia del lavado de manos para prevenir la transmisión de infecciones.

 

Cortar un círculo vicioso nefasto

La evolución del ODS 6 en las escuelas no debe estancarse bajo ningún concepto. Hay una estrecha relación entre la salud y la educación, un binomio fundamental para erradicar la pobreza y la indefensión de las zonas más deprimidas del mundo.

La relación entre el ODS 6 (agua limpia y saneamiento) y el ODS 3 (salud y bienestar) es más que evidente, pues las enfermedades de transmisión por el agua en mal estado y la insalubridad de la falta de saneamiento son la causa de todo tipo de infecciones intestinales, neumonía y malaria, por citar las enfermedades más comunes. Los más vulnerables son los menores de cinco años: según UNICEF y la OMS, más de 800 niños y niñas mueren cada día a consecuencia de consumir agua en mal estado. En 2015, la diarrea era la tercera causa de mortalidad infantil en India y la responsable del 13% de todas las muertes al año en niños menores de cinco años.

Según los expertos de la OMS, un correcto lavado de manos con agua y jabón evitaría cerca del 44% de las muertes causadas por enfermedades diarreicas, y el 25% de las infecciones respiratorias agudas que suponen la mayor causa de muerte de los menores de cinco años a nivel mundial.

También el tracoma, una enfermedad ocular poco conocida, que se extiende por lavarse la cara con agua contaminada por la bacteria chlamydia trachomatis, es la causa de ceguera de 1,9 millones de personas y tiene un foco de transmisión temprana en las escuelas de las zonas más pobres del mundo.

Las enfermedades infantiles desestructuran las familias y el coste del abandono escolar que provocan supone un lastre que en muchos casos detiene el progreso hacia la erradicación de la pobreza. Es una situación endémica desde hace años en muchos países del África Subsahariana y en amplias zonas del sur de Asia y Latinoamérica. La consecución del ODS 4 (educación de calidad) es también el siguiente eslabón de la cadena hasta el ODS 1 (fin de la pobreza).

 

Nuevos proyectos hacia la cultura de la higiene

En dos nuevos proyectos en India incidimos de nuevo en las escuelas más vulnerables. En los estados de UttarakhandRajasthan estamos colaborando con Habitat for Humanity en la construcción de instalaciones completas de saneamiento e higiene y mejorando el acceso al agua en tres escuelas de las comunidades más abandonadas.

La OMS calcula que el total de muertes por diarrea en la India entre niños de menos de seis años fue de 158.209 y la mortalidad proporcional en este grupo de edad fue del 9,1%. En ambas zonas de los proyectos, la diarrea es endémica y en Rajasthan, que es el estado con mayor estrés hídrico de agua de India, casi el 25% de las aldeas del estado sufren también la presencia de altos niveles de fluoruro en las aguas subterráneas.

En ambos proyectos nos fundamentamos en la creación de una cultura del agua, el saneamiento e higiene. La primera consecuencia es la salud de los estudiantes y el mantenimiento de los ciclos educativos al frenar el abandono escolar, sobre todo de las niñas. La segunda es que los estudiantes serán los principales garantes de la sostenibilidad de las instalaciones al adquirir conocimiento de su funcionamiento y de la importancia para su salud. La tercera es quizá la que más les beneficiará a largo plazo: transmitirán este conocimiento a sus familias y crearán el tejido cultural del agua y la higiene.

Lo hemos comprobado en los más de 200.000 jóvenes beneficiados por los 25 proyectos que hemos desarrollado proporcionando agua, saneamiento e higiene en escuelas de 13 países. Cada uno de ellos está siendo el mejor motor para el progreso de su comunidad.