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HEADER-Alertas en los ODS

Alertas en los ODS

No avanzamos como debiéramos para cumplir con la Agenda 2030. Pese a las mejoras en algunos objetivos, la falta de progreso es preocupante en la erradicación de la pobreza extrema, la mejora de la seguridad alimentaria y la acción climática y medioambiental. En agua y saneamiento hay también una desaceleración. Un último informe de la ONU resume una situación que debemos revertir.

Pocos observadores, científicos y políticos creen que la Agenda 2030 llegue a cumplirse. Pese a que, en 2015, fue adoptada por unanimidad por todos los 193 estados miembros de las Naciones Unidas, el balance del compromiso para lograr los 17 ODS y sus 169 metas asociadas no es el que se esperaba.

 

Datos que decepcionan

En la reciente minicumbre climática celebrada en Nueva York el pasado septiembre, por enésima vez António Guterres volvió a subir el tono de la alerta: “La humanidad ha abierto las puertas del infierno”. El Secretario General de las Naciones Unidas enumeró las “horrendas consecuencias” del calentamiento global: agricultores angustiados, aumento de las enfermedades vinculadas a las olas de calor e incendios forestales de los que no hay registros históricos. No son apreciaciones subjetivas, la crisis climática y medioambiental es ya una realidad tangible para la mayoría de los habitantes del planeta.

Sobre la mesa de la reunión se dispuso el informe Tiempo de crisis, tiempos de cambio. Ciencia para acelerar las transformaciones hacia el desarrollo sostenible, un documento expresamente encargado por Guterres a un grupo de científicos para evaluar el avance hacia las metas de los ODS. La tabla que podéis ver a continuación muestra gráficamente las conclusiones, que el Secretario General de la ONU resumió con una de las llamadas más preocupantes: “La acción climática se ve empequeñecida por la magnitud del desafío”.

En comparación con el último informe, de 2019, se ha experimentado un retroceso evidente en algunas metas, especialmente las relacionadas con la pobreza extrema y el clima. Según los redactores del estudio, la pandemia de la covid-19, la guerra en Ucrania, los desastres naturales y el aumento del precio de los alimentos son los factores desencadenantes del relativo empeoramiento.

 

La mejora en acceso al agua y al saneamiento se ha estancado

El avance hacia ODS 6 se muestra desigual. En cuanto al acceso al agua potable (meta 6.1.1), aunque no hay retroceso, el frenazo es notable y se detecta un estancamiento.

Sin embargo, si relativizamos los datos desde principios de este siglo, hay evidentes mejoras en todos los factores. Según el Programa de Monitoreo Conjunto de UNICEF y la OMS (JMP), en 2000 el 4,2% de la población mundial se abastecía de aguas superficiales, una proporción que ha ido bajando hasta el 1,44% en 2022; una mejora considerable, pero que aún significa que más de 115 millones de personas no tienen ningún tipo de acceso seguro al agua.

La situación respecto al año 2000 también presenta avances en cuanto al acceso no mejorado (el que proviene de pozos o manantiales no protegidos; es decir que no cumplen ningún requisito de salubridad): de los 748 millones, en 2000, a los casi 300 en 2022; la progresión es significativa, pero el informe de la ONU señala que se ha frenado estos dos últimos años. El acceso pleno y seguro al agua en los domicilios, del que gozaban 5.814 millones de personas en 2022 (el 73 % de la población) también está experimentando una brusca desaceleración desde 2020.

En cuanto a saneamiento e higiene (meta 6.2), la evolución es positiva, aunque se señala que insuficiente para que en 2030 desaparezca al defecación al aire libre y todas las mujeres tengan acceso equitativo a instalaciones seguras. Aún en 2022, el 5,25% de la humanidad (más de 418 millones) todavía hacían sus necesidades entre matorrales, en cauces de agua o en las calles de su localidad. En el otro extremo, los que gozan servicios seguros en sus domicilios representan tan sólo el 56% de los habitantes de la Tierra.

 

Retroceso en pobreza extrema, hambre y acción por el clima

Si vamos más atrás y contemplamos el progreso desde la década de 1990, que es la época en que la ONU encargó los estudios sobre el bienestar humano con una metodología comparable a la actual, la humanidad ha mejorado notablemente. Globalmente, hay menos violencia, contaminación y analfabetismo, y la pobreza extrema (según la definición del Banco Mundial, que, en 2021, era disponer de menos de 2,15 USD al día) ha caído un 72% y la desnutrición y la mortalidad infantil han descendido en un 61% y un 60% respectivamente.

Sin embargo, las mejoras son muy desiguales. Las hambrunas no se detienen y aparecen en zonas en las que no eran habituales, y en algunas partes del mundo la esperanza de vida está descendiendo. Según el informe, la seguridad alimentaria y el avance contra la pobreza extrema ha empeorado estos dos último años desde que en 2018 se detectó un frenazo. Son síntomas de alerta ante lo que puede suceder de persistir la inacción climática y los vaivenes del comercio mundial de alimentos.

A este respecto, el informe muestra un deterioro preocupante en las metas relacionadas con la emisión de gases. En el ODS 12, (producción y consumo responsables) la meta 12.c.1, basada en eliminar los subsidios a los combustibles fósiles, está en claro retroceso en la mayor parte de los países que más emiten; en consecuencia, la meta 13.2.2 del ODS 13 (Acción por el clima), que es la reducción global de gases de efecto invernadero, sigue estancada con alarmantes señales de que no se va a lograr contener el aumento de la temperatura a los 1,5ºC aconsejados por el IPCC.

 

¿Qué está pasando?

Otro documento, el informe anual de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por sus siglas en inglés), activa también las alertas y las concreta con la frialdad de la aritmética: de las 169 metas de la Agenda 2030, tan sólo van camino de lograrse un 20%; dos de cada tres no avanzan y una de cada siete está en clara regresión.

A la hora de pronosticar un futuro en el que la plena consecución de los ODS pudiera lograrse, hemos de tener en cuenta que la complejidad social, económica y política ha aumentado y el escenario planetario ha cambiado radicalmente. Ahora hay otro clima, otras guerras, otro tipo de violencia que hace 30 años y la evidencia de que estamos sobrepasando puntos de no retorno climáticos y medioambientales nos sume en una incertidumbre certificada por la ciencia.

En Nueva York, Guterres señaló culpables y arremetió contra ellos. Advirtió de la falta de ambición de los gobiernos, y del comportamiento de muchas grandes empresas que públicamente se muestran a favor de la lucha por el clima, pero que siguen actuando irresponsablemente. El máximo representante de la ONU incluso las acusa de que han tratado de bloquear la transición hacia un mundo libre de emisiones, y lo han hecho a base de “distraer y engañar”.

 

Ante la COP 28

El objetivo de la reunión climática organizada por la ONU era preparar un enfoque conjunto entre los gobiernos e intensificar la sensibilización internacional de cara a la COP 28, que se celebrará en diciembre en Dubái. Muchos la califican como la conferencia más importante para el futuro de la humanidad, ya que para la mayoría de científicos apenas quedan oportunidades para revertir la situación climática, que es uno de los factores que más negativamente pueden influir en la consecución plena de los ODS.

 

Lo peor, el abandono

Estos últimos años, la utilidad y filosofía de las COP y de la Agenda 2030 están siendo cuestionadas y atacadas por un sector reaccionario de la sociedad. Guterres señala que “la mayor amenaza para los ODS no proviene de estos ataques sino del abandono de quienes supuestamente los defienden”.

Los ODS son mucho más que simples metas. Representan una visión compartida del mundo, una visión desde la perspectiva de la solidaridad, una idea que hicimos tangible en la crisis del coronavirus y que ahora parece que hemos olvidado. El hambre, la pobreza y la crisis climática y medioambiental necesitan el mismo espíritu. ¿Hay alguna otra alternativa?