
La refrigeración industrial es un eslabón crítico y el agua se ha convertido en un factor limitante de la infraestructura digital en cualquier país industrializado o en vías de industrialización. © pexels-tomfisk
El pasado agosto, un hecho insólito e inesperado ha añadido un factor disruptivo al mundo del agua: Europa ha atravesado la peor sequía hidrológica de su historia reciente. Independientemente de los estragos de las olas de calor que han marcado el pasado verano boreal en Europa y Norteamérica, el fenómeno ha desvelado una vulnerabilidad estructural poco conocida entre la opinión pública: la refrigeración industrial depende de ríos que ya no garantizan caudal ni temperatura suficiente. El norte industrializado ha entrado en una fase adaptativa inédita que obliga a trazar planes insólitos un par de años atrás.
Europa ha sufrido sequías meteorológicas recurrentes desde 2018, pero el verano de 2026 ha marcado un punto de inflexión: la sequía meteorológica se ha transformado rápidamente en sequía hidrológica, afectando directamente a los caudales y temperaturas de los grandes ríos continentales. Las cuencas del Loira, Rin y Danubio han registrado mínimos históricos que han paralizado sectores enteros.
Conviene matizar la correlación que existe entre la sequía hidrológica y la meteorológica. En este artículo explicábamos que la sequía meteorológica es la que se se da en una región geográfica específica a consecuencia de un período de tiempo prolongado con precipitaciones por debajo de lo normal, como ha sido en este agosto europeo. Por otro lado, la sequía hidrológica es la falta prolongada de agua en los recursos hídricos. Se refiere pues a la interrupción del uso humano del agua que no se encuentra allí donde se la busca, como en los ríos, lagos, embalses y acuíferos.
Es habitual que la sequía hidrológica coincida con una sequía meteorológica prolongada- como ocurrió en el pasado agosto centroeuropeo -, pero cada vez con mayor frecuencia el uso excesivo, la contaminación o el malgasto de agua por parte de las actividades humanas son causa de sequía hidrológica incluso en períodos con lluvias normales.

La sequía hidrológica es la falta prolongada de agua en los recursos hídricos. Se refiere pues a la interrupción del uso humano del agua que no se encuentra allí donde se la busca, como en los ríos, lagos, embalses y acuíferos. © pexels-pyae-phyo-aung
Navegación fluvial bajo mínimos
El drástico descenso del caudal de los grandes ríos ha dejado al descubierto pecios olvidados de la Primera y Segunda Guerra Mundial, imágenes que dieron la vuelta al mundo. Pero la interrupción de la navegación ha tenido consecuencias económicas mucho más profundas. Mostramos tres significativas:
- El Rin descendió 21 cm por debajo del nivel de referencia en Kaub en la madrugada del 3 al 4 de agosto: el nivel más bajo de los registros de este siglo y muy lejos del umbral de navegación económicamente viable. El Instituto de Economía Mundial de Kiel estimó que la situación puede restar entre 0,1 y 0,2 puntos al PIB alemán del tercer trimestre.
- En Francia, el caudal del Loira descendió por debajo de los 40 m³/s en varios tramos, obligando a suspender el transporte fluvial y a restringir el riego de determinados cultivos en amplias zonas agrícolas del centro del país.
- El Danubio, en Paks (Hungría) registró 131 cm por debajo del nivel de referencia el 1 de agosto, frente al mínimo histórico anterior de (−98 cm, en 2018).
Cuando la falta de agua apaga una central nuclear.
Sin embargo, la sequía de los grandes ríos europeos desveló aspectos críticos de la aplicación del agua como refrigerante en las tan debatidas centrales nucleares. El caso más elocuente es la de Paks, la única de Hungría, que cubre casi la mitad de la demanda eléctrica del país. El caudal del Danubio cayó por debajo del umbral operativo y – un dato insólito – la temperatura del agua alcanzó 27,9 °C; es decir, poca agua y no lo suficientemente fría. En una semana, la central fue reduciendo la potencia de 2.000 MW a 240 MW. La central no llegó a detenerse por completo, pero quedó a las puertas de la que hubiera sido la primera parada total en sus 44 años de vida.
En Francia, pararon los dos reactores de la central de Chooz debido al bajo caudal del Mosa y temperaturas del agua superiores a los límites de seguridad. Otras centrales sobre el Mosela y el Ródano tuvieron que reducir su potencia. En el caso del Ródano, la temperatura del agua volvió a ser determinante: se iban a superar el límite de 30ºC autorizado para el retorno del refrigerante al río. En Rumanía y Chequia, las centrales redujeron su potencia en algunos casos a un 5 % de su capacidad.
La opinión pública descubrió súbitamente que la energía nuclear —uno de los pilares de la estabilidad eléctrica europea— depende críticamente de ríos que ya no garantizan las condiciones de caudal y temperatura necesarias para refrigerar todo el año.

La sequía de los grandes ríos europeos desveló aspectos críticos de la aplicación del agua como refrigerante en las tan debatidas centrales nucleares. © pexels-distelapparath

Los actuales chips especializados en IA consumen entre 3 y 5 veces más electricidad que los procesadores convencionales, generando más calor y exigiendo más sistemas de enfriamiento. © colin00b-processor-pixabay
¿Cuánta agua necesita un prompt?
Mientras las centrales nucleares sufrían restricciones por falta de agua fría, un nuevo factor se añadía al problema: IA generativa multiplicaba la demanda de refrigeración en los centros de datos.
En diciembre de 2023, en el artículo Una nube ávida de agua escribíamos: “Las tecnológicas necesitan cada vez más agua para refrigerar sus ordenadores. En noviembre de 2022, un nuevo factor irrumpió en escena pulverizando muchas de las previsiones: el ChatGPT ponía la inteligencia artificial (IA) al alcance de cualquier internauta. Con unos chips de mayor consumo que los de los servidores comunes, algunos expertos, como los que firman un estudio de la Cornell University, aseguran que la demanda mundial de IA puede llegar a necesitar entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos de agua dulce en 2027. Es una cantidad equivalente a la mitad del consumo hídrico anual de Reino Unido”.
Pasados 30 meses, estas previsiones se han quedado cortas, muy cortas. La IA se ha convertido en un multiplicador inesperado de la demanda de refrigeración, y han surgido innumerables estudios técnicos – como el de Barnett‑Itzhaki, Water Research, 2026 – que configuran un nuevo escenario en la relación del agua con el sector industrial.
Los actuales chips especializados en IA consumen entre 3 y 5 veces más electricidad que los procesadores convencionales, generando más calor y exigiendo más sistemas de enfriamiento. Esta creciente demanda de refrigeración ha añadido una nueva variable al debate del agua: cada consulta, cada cálculo, cada prompt tiene una huella hídrica. No es agua de lluvia —como en la agricultura—, sino agua azul y gris: la que se usa para refrigerar los centros de datos y la que se emplea en la fabricación de los chips que hacen posible la IA.
Los más recientes estudios científicos convergen en rangos de demanda, en función del tipo de refrigeración instalado:
- 0,5 a 5 litros por prompt en centros con refrigeración evaporativa (torres de enfriamiento que evaporan agua).
- 0,1 a 0,3 litros por prompt en centros con refrigeración adiabática optimizada (sistemas híbridos que usan aire y una mínima cantidad de agua).
Las diferencias son pues notables y es por ello que es importante matizar porque es preciso hablar en términos de “demanda” que no de “consumo” como muchas veces se comunica de forma equívoca.
Parte del agua usada para refrigerar se evapora y se pierde; otra parte se reutiliza. Los nuevos centros de datos suelen operar con circuitos cerrados de agua o con refrigeración por aire, por lo que no devuelven agua caliente al medio, aunque sí introducen una demanda hídrica estructural asociada a cada interacción digital y al propio consumo eléctrico proveniente de las centrales, y éstas si que devuelven agua recalentada al medio.
Llaga una nueva categoría de consumo hídrico: el agua digital, invisible para el usuario pero crítica para la infraestructura.
Un cambio en la opinión pública. ¿Y en la gobernanza?
La coincidencia entre la sequía hidrológica, la fragilidad de la refrigeración energética y la expansión acelerada de la IA ha provocado un cambio profundo en la opinión pública: las comunidades europeas —y, en general, las del mundo industrializado— han descubierto que la refrigeración industrial es un eslabón vulnerable y que el agua es ya un factor limitante de la infraestructura digital.
La crisis de 2026 ha revelado una vulnerabilidad estructural: la energía y los datos dependen de ríos cada vez más inestables, y los centros de datos han dejado de ser solo un actor digital para convertirse también en un actor hídrico. Este nuevo escenario obliga a replantear la gobernanza del agua, monitorizar los factores que determinan la sequía hidrológica y a diseñar sistemas donde energía, ecosistemas y centros de datos no compitan entre sí en momentos críticos. La experiencia europea debe mostrar al mundo industrializado y en proceso de industrialización cómo garantizar agua suficiente para sostener su seguridad energética, su infraestructura digital y sus ecosistemas.





