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¿De qué hablamos cuándo hablamos de saneamiento?

El vocabulario del ODS 6 (II)

Los términos que describen las instalaciones de saneamiento respecto a las metas que se plantea el ODS 6 hacen referencia a las garantías de salud que pueden proporcionar a los seres humanos y su respeto al medio ambiente. Desde las instalaciones gestionadas de forma segura, mayoritarias en los países ricos, hasta la defecación al aire libre, que azota a los más pobres, existe una escala decreciente que invita a la reflexión.

Siguiendo con el objetivo de mejorar la comunicación en la colaboración internacional, después del vocabulario del acceso al agua, vamos a analizar los actuales términos con que la ONU define el saneamiento. Son más complejos pues el propio concepto de saneamiento tiene significados muy distintos en función de la geografía, la cultura y, sobre todo, la riqueza económica. Sin embargo, a medio camino de la culminación de la Agenda 2030, el análisis del significado de este vocabulario clarifica la magnitud del problema y muestra el camino a las soluciones.

 

El ODS 6 y las metas de saneamiento

En las ocho metas del ODS 6, la 6.2 hace una mención específica al saneamiento y la higiene: “Para 2030, lograr el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones vulnerables”.

Y la meta 6.3 aborda la calidad del agua y la gestión de las aguas residuales: “Para 2030, mejorar la calidad del agua mediante la reducción de la contaminación, la eliminación de los vertidos y la reducción al mínimo de la descarga de materiales y productos químicos peligrosos, la reducción a la mitad del porcentaje de aguas residuales sin tratar y un aumento sustancial del reciclado y la reutilización en condiciones de seguridad a nivel mundial”.

 

Datos para el seguimiento

Tras establecer en 2015 la Asamblea General de las Naciones Unidas los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la ONU asignó a la OMS y UNICEF la custodia y el seguimiento de estas tres primeras metas a través del Programa de Monitoreo Conjunto del Abastecimiento del Agua, el Saneamiento y la Higiene (PCM, también conocido por sus siglas del ingles, JMP).

En 2018, el PCM publicó los datos globales sobre acceso al agua y saneamiento, a los que añadió en 2019, justo antes de la pandemia de la covid-19, los de higiene. Desde entonces, esta base de datos es la referencia básica sobre la evolución de las metas clave del ODS 6 y también establece una imprescindible unificación de la terminología usada que hasta ahora ha sido un tanto confusa para la mayoría de las personas no versadas en las graves deficiencias del derecho humano al agua y el saneamiento.

Veamos cuáles son estos términos y los nuevos indicadores para su seguimiento establecidos por el PCM:

 

El vocabulario de la meta 6.2

Lograr el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones vulnerables.

“Acceso” hace referencia a disponer de instalaciones cerca del hogar a las que es fácil acceder y que son fáciles de usar cuando es necesario.

"Equitativo” significa que en el acceso no existen desigualdades entre distintos grupos de población (clases sociales, etnias, género, etc.).

“Servicios de saneamiento” son las instalaciones y servicios que permiten la gestión y la eliminación seguras de la orina y las heces humanas.

“Higiene” hace referencia a las condiciones y prácticas que ayudan a mantener la salud y prevenir la propagación de enfermedades; incluye el lavado de manos, el manejo de la higiene menstrual y la manipulación adecuada de los alimentos.

“Adecuados” se refiere a un sistema que separa de forma higiénica los excrementos del contacto humano y que permite la reutilización o el tratamiento seguros de los excrementos en el lugar, o su transporte a otro sitio designado de eliminación o tratamiento con garantías de salubridad.

“Para todos” quiere decir que los servicios sean adecuados para su uso por hombres, mujeres, niños y niñas de todas las edades, incluyendo a las personas con discapacidad de cualquier tipo.

“Poner fin a la defecación al aire libre” significa acabar con la práctica de depositar los excrementos en un matorral, un campo, una playa, una calle o cualquier otro espacio al aire libre; o descargarlos directamente en un canal de drenaje, un río, el mar o cualquier otro cuerpo de agua; o envolverlos provisionalmente en algún material para luego desecharlos.

“Prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas” significa reducir la carga de ir a buscar agua y permitir que las mujeres y las niñas gestionen las necesidades de saneamiento e higiene con dignidad. Se debe prestar especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas en los entornos de “uso intensivo”, como las escuelas y los lugares de trabajo, y los entornos de “alto riesgo”, como los centros de salud y centros de detención.

"Y a las personas en situaciones vulnerables” se refiere a atender las necesidades específicas de “casos especiales”, como los campos de refugiados, los centros de detención, las concentraciones masivas y las peregrinaciones.

 

El vocabulario de la meta 6.3

Mejorar la calidad del agua mediante la reducción de la contaminación, la eliminación de los vertidos y la reducción al mínimo de la descarga de materiales y productos químicos peligrosos, la reducción a la mitad del porcentaje de aguas residuales sin tratar y un aumento sustancial del reciclado y la reutilización en condiciones de seguridad a nivel mundial.

“La calidad del agua” es su nivel de adecuación a la salvaguarda de la salud humana y la del medioambiente.

“Aguas residuales” son las efluentes del uso humano. Son aguas contaminadas procedentes de vertidos de diferentes orígenes: domésticos, agrícolas, industriales y de escorrentía.

“Aguas residuales sin tratar” hace referencia a las aguas que no se someten a la serie de procesos físicos, químicos y biológicos que tienen como objetivo eliminar los contaminantes.

Como vemos, esta tercera meta relaciona directamente la salud humana con la del medioambiente. Es una gran amenaza para el planeta que el 80% de las aguas residuales no reciban tratamiento alguno antes de ser vertidas. Según ONU Agua, en los países ricos el agua sin tratar alcanza el 30%, una proporción que aumenta hasta el 62% en los países de renta medio-alta y se dispara al 72% en los de renta medio-baja. En los países pobres, el 92 % del total de esas no recibe ningún tipo de tratamiento.

 

El indicador clave: ¿Quiénes tienen saneamiento gestionado de forma segura?

Del mismo modo que en la meta 6.1 referente al acceso al agua, el PCM creó en 2017 un nuevo indicador clave para el seguimiento de la meta 6.2: “proporción de población que utiliza servicios gestionados de manera segura”. Para ello clarificó y unificó la escalera de categorías del saneamiento. De mayor a menor calidad, el saneamiento puede ser: gestionado de forma segura, básico, limitado, no mejorado o inexistente, caso este último que comprende la defecación al aire libre.

Veamos con más detenimiento cada uno de ellos y quiénes en el mundo los utilizan:

Gestionado de manera segura

Los usuarios de un sistema de saneamiento gestionado de forma segura son los que disponen de una instalación mejorada que no comparten con otros hogares y que permite la eliminación de los excrementos de manera segura in situ o su transporte y tratamiento en el exterior; es decir, aquellas que, por su construcción, aseguran una separación higiénica de las excretas evitando así que entren en contacto con las personas.

¿Qué es una instalación de saneamiento mejorada? Del mismo modo que en el caso del acceso al agua, el PCM clarifica un término algo confuso a nivel de comunicación: las instalaciones mejoradas son las que, por su construcción, aseguran una separación higiénica de las excretas evitando así que entren en contacto con las personas. Las instalaciones de saneamiento mejoradas incluyen tanto los inodoros conectados a alcantarillas o tanques sépticos, como las letrinas protegidas, tales como las letrinas con ventilación o letrinas con losas, y los inodoros de compostaje.

Según el PCM, entre 2015 y 2020, el porcentaje de la población mundial que accedió un servicio gestionado de forma segura aumentó seis puntos, pasando del 47% al 54%, lo que significa que más de 4.200 millones de personas se benefician de la gestión segura de sus instalaciones. Las zonas rurales son las que menos: sólo algo más del 44% lo tienen, frente a más del 61% de las urbanas.

Básico

Es el uso de instalaciones mejoradas que no se comparten con otros hogares, pero que no permiten la eliminación de los excrementos in situ ni su transporte al exterior.

Aquí la evolución está prácticamente estancada. En 2015, el 25,7% (1.900 millones) usaba este tipo de instalación, mientras que en 2020 fue algo más del 24%.

Limitado

Consiste en el uso de instalaciones mejoradas compartidas entre dos o más hogares. Suele ser el caso de las letrinas comunitarias en aldeas y ciudades construidas de forma que los usuarios no entran en contacto con las heces. Sin embargo, no todas incorporan instalaciones para el lavado de manos.

Según el PCM, casi el 7,5% de la población mundial, unos 580 millones de personas en 2020, disponía de este sistema.

No mejorado

Implica el uso de letrinas de fosa simple sin losa o plataforma, letrinas colgantes y letrinas de cubo. Es un tipo de saneamiento que no garantiza la salud y que suele no ir acompañado de ninguna instalación higiénica para el lavado de manos.

Unos 616 millones de personas, la gran mayoría en las zonas rurales, utilizaban en 2020 este tipo de letrinas precarias.

Defecación al aire libre

Significa la falta de cualquier tipo de instalación de saneamiento. Las heces humanas se depositan en campos, bosques, cuerpos de agua, playas u otros espacios como calles y cloacas abiertas. También entran en esta calificación, los casos de las heces generadas en los domicilios que se envuelven o depositan en recipientes para su posterior expulsión.

En 2020, más del 5% de la población, casi 500 millones, todavía practicaba la defecación al aire libre en 55 países. Nueve de cada diez de estas personas vivían en Asia central y meridional (233 millones) y África subsahariana (197 millones). Aunque este colectivo se ha reducido significativamente en estos últimos años (en 2015 eran 738 millones), el avance aún es lento de cara a erradicar totalmente esta lacra en 2030.

La erradicación de la defecación al aire libre es de suma importancia para lograr la igualdad y la justicia de género que se recoge en el ODS 5. Las mujeres y las niñas son las que más sufren sus consecuencias pues ven comprometidas su seguridad y dignidad. Muchas son agredidas mientras hacen sus necesidades y frecuentemente, el miedo es suficiente para no acudir a clase o para aguantarse la necesidad de orinar o defecar, lo que es causa de múltiples enfermedades intestinales y del tracto urinario.

 

El testimonio de nuestros proyectos

Los proyectos que hemos desarrollado en todo el mundo durante estos últimos 11 años de actividad han llevado saneamiento a más de 300.000 personas en 12 países y nos han permitido comprobar la relación directa que siempre existe entre la falta de saneamiento y la pobreza.

Esto es especialmente evidente en problema de la defecación al aire libre. Es un problema muy complejo ya que arrastra factores sociales y culturales de largo recorrido en el tiempo. Los proyectos en los que hemos combatido específicamente esta práctica nos han llevado a comprobar estas deficiencias en algunas de las regiones más abandonadas del mundo, como Indonesia, Madagascar, Guinea-Bissau, Ghana, India, y la República Democrática del Congo.

Especialmente enriquecedora está siendo nuestra experiencia en Burkina Faso, uno de los países más pobres de África. Allí, la colaboración con UNICEF iniciada hace cuatro años, ha logrado erradicar la defecación al aire libre en la provincia de Sissili, mediante la implementación del método SANTOLIC. Éste se basa en el empoderamiento de las comunidades que, mediante la autoconcienciación de las graves consecuencias de esta práctica, deciden abandonarla y construir ellas mismas sus letrinas. Allí, nuestro Manual de construcción de letrinas y pozos, una obra que recoge nuestra experiencia acumulada en los proyectos de saneamiento en todo el mundo, estableció una de las bases de trabajo que están siendo seguidas por el Ministerio de Agua y Saneamiento y el Ministerio de Salud del país africano para lograr que todo el país quede libre de la defecación al aire libre.

 

Un reto tan complejo como imprescindible

La consecución de las metas del saneamiento del ODS 6 es uno de los ejes de mayor importancia ya que constituye la base de muchos otros desafíos de desarrollo, al tener un impacto directo en la salud pública, la educación y el medio ambiente. Es necesario recordar que, según UNICEF, cerca de 1.000 niños mueren todos los días a causa de enfermedades diarreicas asociadas con agua potable contaminada, saneamiento deficiente o malas prácticas de higiene.

Investigadores del World Resources Institute (WRI) sostienen en uno de sus estudios que invertir un 1% del PIB solucionaría los problemas hídricos y de saneamiento globales. Esto equivale a 29 centavos de USD por persona y día hasta 2030, una cantidad que sería asumible suponiendo que se repartiera proporcionalmente a la renta per cápita de los habitantes de la Tierra. Nunca una inversión tan pequeña aportaría tantos beneficios.