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Humilde retrete

El humilde retrete necesita inversión

En el Día Mundial del Retrete, la ONU hace un llamamiento para valorar esta sencilla instalación que es fundamental para lograr el ODS 6 y permitir que miles de millones de personas avancen en la erradicación de la pobreza, el logro de la salud, la igualdad de género y la dignidad. La brecha en la inversión en saneamiento sigue dividiendo a ricos y pobres. Si no la eliminamos el ODS 6 seguirá lejos.

Cuando 189 países firmaron la Declaración del Milenio en las Naciones Unidas en septiembre de 2000, se comprometieron a alcanzar, antes de 2015, la reducción de la pobreza extrema y el hambre a la mitad, la promoción de la igualdad de género y la reducción de la mortalidad infantil. Fueron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), de los que poco se habló en los medios de comunicación. El resultado fue muy desigual; tuvieron éxito en la reducción del hambre y la pobreza extrema a la mitad, pero se quedaron lejos de la mejora del acceso al agua y del saneamiento en el mundo.

En enero de 2016, los ODM fueron reemplazados por la nueva Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Tras un proceso consultivo mundial sin precedentes de más de tres años, 193 Estados Miembros se emplazaron para la construcción de un mundo sostenible en el que se valorasen por igual la sostenibilidad del medio ambiente, la inclusión social y el desarrollo económico. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), vieron la luz como mucho más consenso y popularidad que los ODM. Entre ellos el agua y el saneamiento tuvieron un objetivo específico, el ODS 6.  

Hemos recorrido cinco años de la Agenda 2030 y quedan nueve para su consecución. Los avances siguen siendo desiguales y han surgido factores que obligan a replanteamientos de los ODS, como la aceleración urgente de la lucha contra el cambio climático y la pandemia de la covid-19. Mientras los efectos de la pandemia parecen haber abierto una oportunidad para cambiar algunos aspectos de la estructura económica de los países industrializados, estimulando las inversiones en la economía verde, por lo general han incrementado la incertidumbre en los países de economías más pobres. Los avances en acceso al agua y, en especial, en saneamiento se han visto frenadas en zonas del sudeste asiático e incluso han retrocedido enel África subsahariana, como puede verse en el indicador 6.2.1a de ONU Agua.

El saneamiento universal sigue lejos para los más pobres

En el Día Mundial del Retrete (19 de noviembre) la ONU redobla esfuerzos para corregir esta tendencia y alerta de que el elemento básico de saneamiento, un retrete de funcionamiento seguro que garantice la salubridad para sus usuarios, aún no existe para 3.600 millones de personas. Las cifras que aporta el Banco Mundial respecto al saneamiento en general siguen alertando de la magnitud del problema: 2.400 millones de personas carecen de acceso a servicios mejorados y, entre ellos, unos 670 millones practican la defecación al aire libre. La peor consecuencia directa de esta deficiencia es que 1.800 millones de personas utilizan fuentes de agua potable contaminada con restos fecales, una de las principales causas de que cada día mueran unos 1.000 niños en el mundo por enfermedades diarreicas. Esta lacra es endémica en entre el 70% de los habitantes del África subsahariana y el 53 % del Asia meridional, en India e Indonesia principalmente.

Por otro lado, la pandemia del coronavirus ha puesto en evidencia que unos 3.000 millones, el 40% de la población mundial, carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos con agua y jabón en sus hogares, y advierte UNICEF que en los países menos desarrollados esta proporción asciende al 75%.

Las cifras son indignantes y preocupantes. En los países más pobres la consecución del saneamiento universal es una condición imprescindible para erradicar la pobreza o, por lo menos, frenar la degradación humanitaria que sufren sus barrios marginales en las ciudades y la defecación al aire libre en las zonas rurales. El ODS 6 sigue estando lejos.

11 años de proyectos que son un referente

Desde nuestros inicios en 2010, en la Fundación hemos trabajado conscientes de la estrecha relación entre el acceso al agua y el saneamiento, y de que sin lograr ambos es imposible el desarrollo justo y sostenible de los pueblos. Esta experiencia nos da un referente para seguir avanzando. Más allá del abandono político y económico, la consecución del ODS 6 depende de profundos factores socioculturales que, si no se tienen en cuenta, oscurecen la efectividad de las ayudas que puedan proporcionarse. Lo hemos comprobado en cada uno de nuestros 69 proyectos en 26 países que han beneficiado a más de 1,8 millones de personas, de las que de las que más de 1 millón corresponden específicamente a instalaciones de saneamiento e higiene.

Recientemente, tras desencadenarse la pandemia de la covid-19, en Madagascar, Indonesia y Burkina Faso ayudamos a combatir la lacra de la defecación al aire libre, algo imprescindible para reforzar la resiliencia de las comunidades. Especialmente enriquecedora ha sido nuestra experiencia en Burkina Faso, uno los países más pobres del mundo, donde  hemos logrado erradicar la defecación al aire libre en la provincia de Sissili, colaborando con UNICEF en la implementación del SANTOLIC, una metodología basada en que son las propias comunidades las que deciden construir ellas mismas sus propias letrinas, garantizando así su mantenimiento y sostenibilidad.

La experiencia nos ha confirmado la importancia que la participación transversal de toda la comunidad en la definición del problema, el diseño y construcción de las letrinas, y en su mantenimiento. Desde noviembre de 2017, cuando iniciamos el primer proyecto en la Región Centro Oeste, hasta el pasado agosto de 2021, cuando culminamos la segunda fase del proyecto, la experiencia ha permitido establecer las directrices que va a seguir en el futuro el Gobierno burkinés para liberar al resto del país de una lacra que lastra el desarrollo humano y económico.

Una de las guías que se están siguiendo es el Manual de construcción de letrinas y pozos, un documento que recoge la experiencia acumulada en nuestros proyectos de saneamiento por todo el mundo, y cuyas pautas apoyan el Ministerio de Agua y Saneamiento y el Ministerio de Salud de Burkina Faso, así como los técnicos regionales, las comunidades y entidades colaboradoras.

En estos 19 meses de pandemia, el agua, el saneamiento y la higiene han sido imprescindibles para prevenir la infección. No todos los han tenido y aún, en la actualidad, grandes bolsas de población desconocen la práctica del lavado de manos debido a la falta de agua, jabón e instalaciones adecuadas.

Hemos podido comprobar los estragos sanitarios y psicológicos que la falta de instalaciones someten a las personas obligadas a migrar por la pobreza, la violencia o la sequía en zonas fronterizas de México, Malí y Brasil. También la pandemia ha ejercido una terrible presión a los hospitales, como en el de Chengalpattu, en India, uno de los epicentros de la crisis provocada por la pandemia, y en donde las instalaciones de saneamiento carecen de conexión a una red de alcantarillado. Allí hemos colaborado en la instalación de un DEWATS (Sistema de Tratamiento de Aguas Residuales Descentralizado) y en la capacitación del personal del hospital para su uso.

En Burkina Faso, la provincia de Sissili está libre de defecación al aire libre. El objetivo es que todo el país lo sea.

La falta de letrinas adecuadas, seguras y separadas por sexos es una situación lacerante para los escolares, un colectivo doblemente perjudicado en la pandemia por el cierre de los centros educativos y por la endémica falta de agua potable en las zonas más abandonadas. Durante el periodo más agudo de la pandemia hemos colaborado con iniciativas específicas en escuelas de Marruecos, Nicaragua e India, superando los 205.000 escolares y maestros beneficiados.

Valorar los retretes ¿Quién invertirá?

Este año el lema del Día Mundial del Retrete - "Valoremos los retretes" - hace hincapié en que los aseos y los sistemas de saneamiento en los que se basan están infrafinanciados, mal gestionados o descuidados en muchas partes del mundo, y ello conlleva consecuencias devastadoras en múltiples ámbitos, en especial en las comunidades más pobres y marginadas.

En 2016, cuando las Naciones Unidas diseñaron la Agenda 2030, uno de los documentos que se tuvieron en consideración fue un estudio realizado por el Banco Mundial, la UNICEF y la OMS que calculaba que para proporcionar servicios básicos de agua y saneamiento a las poblaciones deprimidas que no disponen de ellos haría falta una inversión de unos 28.400 millones USD hasta 2030. También se especificaba que no invertir en agua y saneamiento tiene un impacto económico negativo que sólo en toda África subsahariana asciende al 4,3% del PIB y el 6,4% de la India.

En la pasada Semana Internacional del Agua (WWW) celebrada en Estocolmo el pasado agosto, investigadores del World Resources Institute (WRI) explicaron los resultados de uno de sus estudios de 2020 en el que calculan que invertir un 1% del PIB solucionaría los problemas hídricos y de saneamiento globales. Esto equivale a 29 centavos de USD por persona y día hasta 2030, una cantidad que sería asumible suponiendo que se repartiera proporcionalmente a la renta per cápita de los habitantes de la Tierra.

Pero ¿Cómo lograr una distribución equitativa de las ayudas? El estudio desvela también la brecha existente en el mundo. Estados Unidos, que se sitúa en el grupo de 75 países que necesitarían una inversión de menos del 2% de su PIB para lograr la gestión sostenible del agua, sólo necesitaría invertir un 0,78% anual para resolver todos sus problemas hídricos. Según el WRI, lo tienen muy diferente los 17 países que necesitarían invertir más del 8%, algo inviable para sus débiles economías.

La necesidad de inversión externa es evidente y ésta es sin duda la clave para alcanzar el ODS 6. La buena noticia es que cada vez son más las empresas que invierten en colectivos vulnerables en Latinoamérica y África; la mala, afirma la ONU, es que no se está haciendo a un ritmo suficiente.

Mientras los países desarrollados afrontan los avances en saneamiento desde la perspectiva del “agua 4.0”, en una clara línea de inclusión en la economía circular, para frenar el deterioro medioambiental y controlar los contaminantes emergentes, para los países más pobres la consecución de que sus habitantes puedan acceder a un simple retrete sigue estando lejos; para éstos es una necesidad ineludible para erradicar la pobreza, y frenar la degradación sanitaria que sufren sus barrios marginales en las ciudades y la defecación al aire libre en las zonas rurales. La brecha tecnológica impide la consecución del saneamiento universal, la inversión tiene que viajar al sur.