Escolares y agricultores. Guardianes del agua en India

En las escuelas y en los pequeños cultivos se desarrolla un poder decisivo: las comunidades que se organizan para autogestionar su acceso al agua, al saneamiento y a la higiene. En siete nuevos proyectos en India avanzamos en el fortalecimiento de estas capacidades. Allí donde estudiantes y agricultores toman decisiones, vigilan recursos y se apropian de las infraestructuras, la ayuda se convierte en capacidad local.

La sostenibilidad no depende únicamente de la infraestructura, sino de algo humano: la capacidad de una comunidad. Tras 16 años de proyectos de ayuda en 121 países, en India —donde ya hemos realizado 62 intervenciones que han beneficiado a cerca de 300.000 personas— la presión sobre los recursos hídricos ha aumentado pareja a la urgencia del acceso al agua y al saneamiento. Conocemos bien a uno de los países con mayor diversidad cultural y rural del mundo, y estamos convencidos que es en las escuelas y los pequeños territorios agrícolas marginados donde la cultura del agua debe arraigar.

Imagen We Are Water

En las escuelas y en los pequeños cultivos se desarrolla un poder decisivo: las comunidades que se organizan para autogestionar su acceso al agua, al saneamiento y a la higiene. © Carlos Garriga WAWF

600 millones bajo el estrés hídrico

El futuro de la sostenibilidad hídrica mira a India. En un país donde el 46 % de la fuerza laboral vive de la agricultura y más del 80 % del agua agrícola procede de acuíferos, la sobreexplotación se ha convertido en un desafío estructural que exige soluciones en todas las escalas del uso del agua. 

India es hoy uno de los países con mayor estrés hídrico del mundo. Con el 18 % de la población mundial y solo el 4 % de sus recursos de agua dulce, la disponibilidad per cápita se ha reducido a la mitad desde 1970. Según el Banco Mundial, cerca de 600 millones de indios viven bajo estrés hídrico y, en todo el país, el 70 % de la lluvia cae en apenas tres meses, lo que intensifica la dependencia del agua subterránea y acelera su sobreexplotación. El NITI Aayog (el organismo de planificación estratégica del Gobierno de India, autor del Composite Water Management Index), confirma que esta presión creciente convierte la gestión comunitaria del agua en un factor decisivo para la resiliencia hídrica del país que es el mayor extractor de agua subterránea del mundo: bombea el 25 % de la existente en el planeta.

Imagen We Are Water

El futuro de la sostenibilidad hídrica mira a India. © Carlos Garriga WAWF

El déficit de saneamiento e higiene

El saneamiento es otro de los problemas seculares de India. Los datos del Ministerio de Jal Shakti, el organismo responsable del agua y el saneamiento en India, confirman, Que la campaña Swachh Bharat Abhiyan, iniciada en 2014, ha logrado grandes avances: se han construido más de 117 millones de letrinas domésticas, 561.000 aldeas han logrado erradicar la defecación al aire libre y más de 154.000 instalaciones sanitarias escolares han sido mejoradas. 

Pero aún queda mucho por hacer. Según el Joint Monitoring Programme (JMP) de la OMS y UNICEF, más de 97 millones de personas de las zonas rurales aún defecan al aire libre y unos 76 millones disponen de un saneamiento sin garantías de salubridad.

En India hay más más de 8.500 escuelas primarias públicas de las zonas rurales. En ellas, el JMP señala que el 76 % cuenta con instalaciones de lavado de manos y el 68 % con letrinas separadas por sexo, pero aún 47 millones de de escolares en todo el país no disponen de ningún tipo de servicio de saneamiento y 90 millones carecen de instalaciones de lavado de manos. 

El poder del cambio radica en las comunidades

Algo ha cambiado en la forma de actuar. Estar cerca de las comunidades, escuchar sus problemas, comprender sus tabúes culturales, reconocer sus inercias y observar sus hábitos ha transformado la manera en que intervenimos. Las soluciones son ahora más eficaces porque nacen de una evidencia compartida con las agencias y organizaciones con las que colaboramos: cuanto más se fomenta la participación, más crece la capacidad de gestión local.

Esa participación solo es real cuando se acompaña de conocimiento. Y cuando ese conocimiento se deposita en las mujeres, el impacto se multiplica. Lo hemos comprobado en aldeas, escuelas y comités: dejar de ver a las mujeres únicamente como víctimas de la falta de acceso al agua y empezar a reconocerlas como generadoras de soluciones nos abre los ojos a una realidad que durante años permaneció en segundo plano.

2026: siete pasos adelante

Esa es la evolución que define los siete proyectos de este año en los que destacan tres conceptos clave que explican cómo la participación se convierte en gestión eficaz y sostenible:

 

  1. El poder de los gabinetes escolares: los alumnos cuidan el agua 
    En Dewas (Madhya Pradesh), el primer paso es la creación del Comité de Gestión Escolar (SMC), responsable del mantenimiento, la supervisión y el uso adecuado de las instalaciones, y del Consejo Infantil, formado por estudiantes que lideran campañas de higiene, promueven el lavado regular de manos y actúan como defensores de prácticas saludables dentro y fuera del aula. Ambos órganos garantizan el funcionamiento de los Laboratorios de Higiene Menstrual, esenciales para la salud y la dignidad de las chicas.

    La misma filosofía avanza en las escuelas de Alwar (Rajasthan) y en las de Ranipet y Erode (Tamil Nadu). En los centros educativos superiores de Bhiwadi (Rajasthan), los comités de alumnos consolidan la cultura de la higiene entre jóvenes que están a punto de iniciar su vida laboral, reforzando la idea de que la gestión del agua y la higiene es una responsabilidad que se aprende en la escuela y se lleva a la comunidad.

  2. Conocimiento y liderazgo para los más marginados
    En Sriperumbudur (Tamil Nadu) volvemos a incidir en la comunidad tribal Irula, que no dispone de letrinas domésticas ni acceso a un saneamiento seguro y funcional. Allí aplicamos el Programa de Saneamiento Total Liderado por la Comunidad (SANTOLIC), una metodología que desde 2018 utilizamos en las comunidades más abandonadas de África y que demuestra que el cambio real nace cuando la propia comunidad identifica sus riesgos, comprende sus prácticas y decide transformar su entorno. Este enfoque permite que las familias Irula pasen de ser receptoras de ayuda a convertirse en protagonistas de su propio proceso de dignidad y salud.
  3. El pequeño agricultor, garante de la seguridad alimentariaEn Nandyal (Andhra Pradesh), trabajamos con los pequeños agricultores que dependen del agua subterránea para sobrevivir. El proyecto combina la rehabilitación de un estanque antiguo y la construcción de un dique de contención capaz de retener el agua del monzón y recargar el acuífero, reduciendo la erosión y asegurando el riego de los cultivos. Es algo que venimos desarrollando desde 2010 en el desarrollo de pequeños embalses en las zonas más perjudicadas por la inestabilidad del monzón. Cuando el agua vuelve a filtrarse en el suelo, los agricultores recuperan ingresos, frenan la migración y fortalecen la seguridad alimentaria de la comunidad.

    Este enfoque coincide con la visión de Rajendra Singh, el “hombre del agua” de India, que expuso en el Water.Regen Summit 2026 de São Paulo, que patrocinamos. El ambientalista indio recordó que la resiliencia hídrica empieza en las pequeñas cuencas y en quienes las trabajan. Su mensaje es claro: “El agua no se conserva desde los despachos, sino desde la tierra”. La experiencia de Nandyal confirma esa idea. Cuando los agricultores participan en la planificación, vigilan las estructuras y deciden cómo gestionar el agua, la infraestructura deja de ser un objeto y se convierte en un sistema vivo. Son ellos, los pequeños agricultores, quienes garantizan que cada gota se transforme en alimento, en estabilidad y en futuro.

Imagen We Are Water

En los centros educativos superiores de Bhiwadi (Rajasthan), los comités de alumnos consolidan la cultura de la higiene entre jóvenes. © abhishek-choudhary-Raag

Donde nace la sostenibilidad

Desde escuelas rurales hasta comunidades agrícolas y hogares marginados, cada intervención incorpora hoy un convencimiento que ya no admite dudas: la sostenibilidad nace en la base de la comunidad. Allí donde los comités escolares y agrícolas toman decisiones, gestionan recursos y se apropian de las infraestructuras, los proyectos dejan de ser “ayuda” y se convierten en capacidad local. Es en ese punto donde el agua deja de ser un servicio frágil y pasa a ser un derecho sostenido por quienes lo viven y lo protegen.

Imagen We Are Water

En Sriperumbudur (Tamil Nadu) volvemos a incidir en la comunidad tribal Irula, que no dispone de letrinas domésticas ni acceso a un saneamiento seguro y funcional. ©pexels-parijb